Son muchas las interrogantes que nos hacemos llegando a los 40, lo llamaría un corte de caja, que si hemos aprovechado o no nuestro potencial, si logramos nuestros objetivos, si necesitamos hacer cambios, etc. Todos esto son síntomas de la crisis de los 40, en la “mitad”  de nuestra vida, nos replanteamos lo que hacemos, las relaciones que mantenemos y como lograremos ese ascenso para ser recordados en la empresa.

Pero, hay que preocuparse? Según investigaciones, la felicidad tiene forma de U, esto es, que nos empezamos a sentirnos mas infelices después de los 20 años, pero vamos recuperando el bienestar poco a poco hasta llegar a los 60 años.

El concepto indica que los picos de nuestro bienestar se encuentran en el alba de nuestras vidas y el ocaso de nuestra vida, es decir, durante nuestra adolescencia. En una de las constantes de la vida humana tarde o temprano todos vamos a deslizarnos por el tobogán de la U para bien o para mal.

Es alrededor de los 50 que empezamos a escalar por la pared de esa U. Durante la juventud experimentamos todo por primera vez, la caída de los 40 le pasa a la mayoría de las personas, independientemente de su raza, clase social, educación, etcétera.

En la juventud nos estamos abriendo al mundo y descubriendo infinidad de cosas, esto nos lleva a una mayor felicidad. Pero al pasar de los años comprendemos mejor el funcionamiento y los mecanismos que rigen la vida y nos resulta mas difícil sorprendernos por algo nuevo.

En nuestra etapa madura nos damos cuenta de lo que valió la pena; es en ese momento que hemos ajustado nuestras expectativas respecto a lo que hemos conseguir y lo que nunca conseguiremos, en esta etapa nos habremos adaptado y ajustado a nuestras expectativas respecto a lo que la vida nos puede ofrecer. Se puede disfrutar lo vivido y echar una mirada atrás para darnos cuenta de qué cosas valieron la pena.

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