¿Cuántas de nosotras nos hemos sentido mejor después de pasar tiempo con una amiga?

Seguro el 100% contestaremos de forma afirmativa, muchas de nosotras tenemos muchas historias donde una simple plática o incluso un momento de silencio con alguna de ellas nos ha ayudado a resolver problemas, liberar tristezas o simplemente resulta ser una medicina natural para activar nuestras endorfinas y darnos un gran momento de felicidad.

Tres amigas nos reunimos a correr el domingo por la mañana, una de ellas lleva muy poco corriendo y tenía miedo a no terminar la carrera y la otra se está reponiendo de una lesión que la dejó sin correr por 2 meses, nomás imagínense como andaba y yo muy emocionada porque me habían pedido que fuera su pacer, máximo honor al corredor!!!

Cuando iniciamos la carrera sentí como la confianza que cada una tenía sobre la otra nos daba el combustible necesario para arrancar y gracias a las pláticas, porras y sonrisas que compartíamos, los miedos de no aguantar o sentir dolor cada vez se reducían y por supuesto cada vez nos sentíamos todas unas campeonas.

Además de que toda esta felicidad y seguridad se irradia, de verdad que las porras que nos echaban eran para alentar a 3 mujeres que parecían que fueran por el primer lugar y créanme que íbamos bastante lejos de eso.

Mientas corríamos, reflexionaba sobre las ganas que sentía de cuidarlas y el compromiso que tenía al ser su pacer, de no despegarme de ellas y seguirlas alentándolas, en cómo me estaban ayudando a cambiar mi chip para no buscar hacer la mejor marca, no ver el reloj para cuidar mi paso, sino para cuidar que ellas fueran al paso adecuado y todo a pesar de que yo sentía dolor, que contradictorio ¿no lo creen?

Cuando  entrenamos, buscamos dar nuestro mejor esfuerzo y en cada carrera queremos mejorar, queremos ser los más veloces, pero cuando todo esto se deja de lado y alguien te invita a marcarle el paso, sin duda se vuelve un honor.

Correrás a un paso más lento que el tuyo y por consiguiente te dolerá (he aquí por qué sentía dolor) aún más que si fueras a tu paso normal, aun así; no te importa y te conviertes en su compañero, en su guía, en la persona que le grita, en la que lo empuja, que l@ hidrata, el que lleva el control de su reloj, eres el que seca su sudor y sus lágrimas y al final cuando llegan juntos a la meta y recibes un dulce ¡gracias¡ salido del corazón, es cuando entiendes que correr y ayudar es la combinación más perfecta y hermosa que hay y si además lo haces con y por la persona amada, sin duda se convierte en una linda prueba de que el amor los une y que este sentimiento será la mejor arma que tienen para vencer cualquier contratiempo.

Con esta historia que les platico, les pido que reflexionemos en la importancia que tiene cosechar la amistad y demostrarles a tus amigas cuanto las quieres y admiras y que creamos firmemente que juntas podremos lograr cualquier meta.

Gracias chicas fue su carrera!!!