La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan
La Ciudad de las Viudas: Vrindavan

Hoy quise compartirles esta galería de fotos y contarles la historia de las Viudas de Vrindavan porque ese viaje me hizo reflexionar muchísimo, te voy a platicar lo que a mí me contaron, esta no es una investigación periodística.

En India convertirse en viuda es una tragedia -como en cualquier lugar del mundo- pero aquí la viudez se convierte en un estigma social.

 

Existe una tradición, que cada vez se practica menos que se llama Sati palabra sanscrita que se deriva del nombre de la diosa Sati quién se auto inmoló después de que su papá humillo a su esposo Shiva. Esta práctica consiste en arrojarse a la pila funeraria del esposo fallecido para morir incinerada junto con él.

 

Lo primero que pregunté fue por qué una mujer haría eso de manera voluntaria, a lo que más de un Indio me respondió que cuando el esposo fallece la mujer pierde el sentido de vida y decide arrojarse al fuego, otros más me respondieron que en ocasiones la familia sienta a la viuda en la pila funeraria hasta que muere quemada, por falta de recursos para mantenerla.

 

Ellas lo hacen, o lo hacían, porque después de enviudar se convierten en personas indeseables, consideradas de mal agüero y por lo mismo las personas no les hablan, les prohíben usar condimentos en sus alimentos (lo cual debe de ser dificilísimo para cualquier indio ya que están acostumbrados a las especias) no pueden ir a fiestas familiares, ni usar sarees coloridos.

 

La práctica está legalmente prohibida, ya te podrás imaginar qué tan difícil es la vida de las viudas que prefieren morir a seguir viviendo.  Si siguen vivas es frecuente que sus familias las corran de sus casas, o que ellas mismas huyan para no sufrir maltratos y se congregan en ashrams como el de Vrindavan.

 

La experiencia es un viaje en todos los sentidos. Son miles, literalmente miles de mujeres vestidas en sus sarees blancos, algunas con la cabeza rapada para no atraer la atención de más hombres, mujeres de todas las edades que viven de limosnas en estos ashrams. Cada día asisten a un salón a hacer cánticos a sus dioses, y los encargados del ashram les dan un vale que pueden cambiar por arroz o lentejas.

 

Es muy fácil y tentador juzgar el sati, los ashrams y las condiciones de las viudas en India, lo cierto es que es un asunto cultural y económico que no lograremos entender con nuestras creencias occidentales. Viven con muchas carencias, pero forman una interesantísima comunidad de mujeres que se apoyan, comparten y se acompañan por el resto de sus días, alejadas de sus familias crean una nueva familia de mujeres viudas.

A ellas ni hoy ni otro día van a festejarles el hecho de ser madre, nadie las va a llevar a comer ni les van a dar un regalo ni las van a llamar, a abrazar o a dar un beso… que este 10 de mayo se convierta en una celebración pero también una reflexión, si eres mamá y hoy festejaste con tus hijos, con salud, en una casa digna y con alimentos siéntete muy afortunada y profundamente agradecida!