Cuando una entra a la etapa adulta de más de 35 años y con pareja estable de diez años además de hijos adolescentes, no es extraño que surjan las diferencias con tu pareja como las llegadas tarde y las expectativas no cumplidas.
Y es ahí donde el recuerdo o mejor dicho, la ilusión de los ex de tu vida aparecen para ayuda de tus reproches mentales hacia tu pareja y toda la filosofía Disney de los príncipes y del vivieron felices para siempre empieza a hacer estragos en tu mente.
Claro, porque cualquier ex sería mejor que tu pareja actual, ninguno de ellos te harían esperar, te llevarían rosas todos los días y desayunos a la cama entre otros muchos detalles que, por supuesto mereces.
Y sobre todos los ex, existe “El EX”, aquel que desde la primer mirada te flecho, que según tus recuerdos se parece a Ricky Martin  y que por azares del destino, del tiempo o de no sé qué cosa trágica, fueron separados y obligados a andar por la vida separados tal cual diría Cortázar “andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” y que en el momento en que el destino se descuidara y te lo volvieras a topar te viera después de años glamorosa, bella, realizada, como si el tiempo por respeto a tu hermosura decidiera no pasar por ti,  resurgiendo esa pasión de años y ese amor eterno y el EX te invitase a fugarse juntos sin importar los demás, aunque como mujer ya comprometida no te quedaría más que responder que ese gran amor no era para este tiempo, esta vida, que el mundo  no estaba preparado para vivir tan apasionado amor como el de ustedes, si todavía le llora a Romeo y Julieta.
Y así con toda la autoestima recargada por levantar pasiones y bajos deseos al que fue tu amor de juventud, te retiras a continuar tu vida con tu pareja que te acepta con cara lavada y aliento mañanero todos los días de tu vida.
Pero qué pasa cuando el destino pone a prueba tus ideas y las materializa como me sucedió el fin de semana: después de discutir por teléfono con mi marido por llegar tarde y no poderme acompañar al cine, me decidí como buena mujer independiente a irme sola a ver la película, lo cual no requería ningún arreglo a mi persona más que un chongo en el pelo y la cara lavada, ese día no quería gustarle al mundo. Llegando al centro comercial y dirigía mis pensamientos al muy idolatrado EX de mi vida, aquel del que me separe cuando se fue a estudiar al extranjero y que no quise seguir, pero que una pelirroja de largas piernas si lo hizo.
Si él estuviera aquí no me haría esperar ni un segundo, estaría cual caballero de brillante armadura, esperando por su amada con un ramo de flores y gran abrazo.
Absorta en este tema no vislumbre cuando mi EX se acercaba justo enfrente de mí, a menos de 10 metros jugando con un niño pelirrojo (supongo que de la pelirroja de largas piernas).
En ese preciso momento sobre recayeron los más de 20 años que habían pasado, por supuesto los más de 20 kilos de sobrepeso, las arrugas, el hijo, la flacidez y todos los demonios que las mujeres guardamos en el ropero y es que disculpen pero el éxito profesional, la independencia económica y el desarrollo personal no se ven a simple vista.
Así que como pude escape a la primera tienda que vi a mi paso, y estuve ahí escondida junto con mis complejos y mis reproches de no haberme tomado la molestia de por lo menos usar la blusa que me favorecía mas o un poco de color en los labios.
Como pude me escabullí hacia el cine, agradeciendo todas las películas de acción donde te enseñan el difícil arte del camuflaje y las carreras con obstáculos.
Y ya escondida en mi agujero, me decidí a nunca más dejar que el destino me sorprenda o cuando menos me agarre sin rímel en las pestañas, la segunda vuelta o mejor dicho la tercera estaría preparada.
Así que ahora salgo a la esquina con estola de plumas y peinado alto, no sea que en la fila de las tortillas vuelva a estar mi EX y no pueda yo demostrar lo bien que me han tratado los años y lo que se perdió, no por otra cosa que una cuestión de vanidad y de ilusiones porque en el fondo lo más probable es que El también llegara tarde al cine.
Invitada Especial