Cada día el divorcio es más frecuente, dejando a los hijos en el medio de la lucha entre los padres, esto puede ocasionar que los progenitores no puedan visitar a sus hijos. Cuando las visitas se obstruyen o impiden, se tienen por un lado el progenitor conviviente y el menor y, por el otro lado el progenitor no conviviente.

 

El daño sufrido por la separación injustificada de alguno de sus padres, constituye un enorme problema Psicológico, debido al menosprecio que el padre conviviente suele hacer respecto a su ex pareja. Este tipo de menosprecio, que va desde la ridiculización de la imagen del otro padre, como las comparaciones con el niño y respectivas amonestaciones incluso acerca del parecido fisonómico, son lo que dan  inicio al Síndrome de alineación parental. Se entiende que allí se configura una situación de maltrato psicológico para el menor, quien termina desvinculándose total o parcialmente de uno de sus progenitores, con todo lo que ello implica.

 

Sociedad cómplice

Cuando resulta obstaculizada  la comunicación de un hijo con su padre o madre, no se produce en la sociedad alguna reacción pues aún no se ha asimilado como una conducta parental de maltrato. Menos todavía que tenga intensidad y peligrosidad tal como para justificar la intervención de quien no ha sido convocado. Pero sí lo es, pues así se lesiona la salud psicoafectiva de los hijos y también el derecho que les asiste (reconocido por ley) de tener libre acceso a ambos progenitores.

 

Además la obligación de permitir el contacto para el padre conviviente es independiente de la existencia de un acuerdo legal o sentencia que fije un régimen de visita. Ejemplo. Muchas madres dicen.. no hay nada firmado por lo tanto no lo va a visitar hasta que nos pongamos de acuerdo y se firme algo…. Esto no está permitido y además afecta gravemente  a los niños.

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