El otro día olvidé pagar mi tarjeta de crédito en la fecha límite, me acordé exactamente el día siguiente cuando iba de camino a la tintorería… pasé el trayecto recriminándome por ser tan poco organizada con mis cosas, por no haber puesto un recordatorio en el celular, porque estas cosas sólo me pasan a mí y claro que ahora merezco pagar los intereses de mis 1000 pesos de deuda… me puse una buena regañiza mental que sentía que me merecía. ¡Estaba tan enojada!

La señorita de la tintorería que no es nada amable me hizo esperar mientras se reía chateando, no me dijo ni buenos días… mal. Y yo inhalaba y exhalaba y pensaba tranquila, sé compasiva, la señorita malos modos no tiene la culpa que estés enojada porque TU no pagaste TU tarjeta, sé amable, despídete con un lindo buenos días… y gracias a tooooodas las enseñanzas de compasión que pude recordar la señorita de la tintorería salió ilesa.

Me subí al coche, pensando que había logrado un paso más en mi avance hacia la iluminación, hasta el mismísimo Dalai Lama estaría orgulloso de mí… pero no me encantaría alcanzar la iluminación sin lipstick, así que bajé el espejo de vanidad (¿hay de otros?) sonreí, me agradecí el acto de compasión, y me volví a regañar por no haber pagado la tarjeta. Azoté el espejo muy enojada, y después lo volví a abrir y me vi a mí…

Y pensé y a mí ¿Quién me va a compadecer?  Los del banco obviamente no, la señorita de la tintorería tampoco ¿cierto? Pero ¿sabes qué fue lo más fuerte? Que yo tampoco.

La señorita de la tintorería puede hacerme las jetas que quiera y ser pelada… yo elijo ser “compasiva” (la palabra adecuada ni siquiera es compasión sino en este caso falsedad, ya les vamos a contar esta semana qué sí es compasión) pero yo conmigo por olvidar una de mis cincuenta tareas prioritarias de hoy no puedo más que enojarme.

¿Cuándo voy a ser compasiva conmigo?

Hasta me dieron ñáñaras solo de pensar en la posibilidad de compadecerme de mí, como si eso fuera rebajarme de alguna forma o sentir penita por mí misma. Y es que la verdad es que no sé si olvidé una parte de mis clases de compasión o esa parte nadie la da, pero parecería que la compasión es algo que “tenemos” que practicar hacia afuera, pero que no podemos permitirnos hacia nosotros. ¿Te pasa también a ti?

Solemos confundir la compasión con muchas cosas, cuando es hacia los demás la usamos para evitar poner límites (cómo con la señorita de la tintorería) o la usamos para fingir que aprendimos algo de lo que hemos leído haciendo como que no pasa nada. Cuando es hacia nosotras nos dan ñañaras.

No digo que debí de haber arremetido contra la señorita de la tintorería sólo porque yo estaba enojada conmigo misma o porque ella no fue compasiva conmigo, digo que hubiera sido compasiva conmigo cuando recordé que no había pagado mi tarjeta y decirme lo que le hubiera dicho a alguna amiga si me lo hubiera contado:

Ni pex, no la pagaste, no es tan grave, entre tanta madre que tienes que hacer se te pasó, ya pagarás mañana.

Si hubiera tenido ese gesto amable y compasivo conmigo no me hubiera tratado tan duramente, tal vez hubiera llegado sin estar enojada a la tintorería y le hubiera podido decir muy tranquila y respetuosamente a la señorita que me atendiera y después chateara.

Empieza contigo misma primero, eso hubiera dicho el Dalai Lama. Lo hubiera dicho de forma más elegante por cierto.

Y como ya se nos está haciendo costumbre, aquí te dejo unas preguntas para reflexionar:

–          ¿Qué es la auto compasión para ti?

–          ¿Cómo cambiaría tu relación contigo misma si la practicaras?

–          ¿Cómo cambiaría tu relación con los demás?

–          ¿Cuál es el primer paso que tendrías que dar para empezar a practicar la autocompasión?

–          ¿Cuál es la diferencia para ti entre poner límites y practicar la compasión?

–          ¿Eres igual de compasiva contigo misma que con tus amigas?

Si quieres compartir tus respuestas, me encantaría leerlas, todas tenemos algo que compartir que le puede servir a alguien más. Mientras tanto yo buscaré otra tintorería…

mayda@mujeresimportantisimas.com