Existe un largo camino para que las relaciones equitativas entre hombres y mujeres sean realidad en México
Los hombres y mujeres somos diferentes, pero merecemos ser tratados equitativamente. Sin embargo, la cultura que hemos reproducido está marcada para desvalorizar al género femenino y, por el contrario, a sobrevalorar el esfuerzo masculino.
Hasta el día de hoy, la poca equidad no sólo se da en aspectos laborales, donde aún en países como México, el mismo puesto tiene salario distinto de acuerdo con el género; está enraizado en las capas más profundas de nuestra educación, donde las mujeres juegan siempre el papel del apoyo, pero difícilmente se les reconoce como protagonistas.
Aún hoy, mujeres cultas, con niveles educativos elevados y puestos laborales importantes, ceden sus derechos de equidad y se doblegan ante la voluntad de sus parejas masculinas, ya sea emocional, psicológica o hasta sexualmente.
Pero para que la desigualdad deje de existir necesita mirarse desde más de un ángulo y, por ello, no es suficiente que las mujeres tomen conciencia de que merecen y tienen derecho a ser tratadas equitativamente; hace falta que el varón reconozca que ellas son igualmente capaces, importantes y respetables y lo traduzca en conductas que reflejen esta nueva percepción de la mujer.
Un dato: México ocupa el número 99 de países con equidad de género. Pero no son potencias económicas del primer mundo sólo las que lo superan, países más pobres y con menos recursos explotables tienen sitios muy superiores, como El Salvador, Venezuela, Perú o Filipinas que está en el número 9 de la lista.

Cómo lograr la equidad?
Con la participación de todos y todas, primero que nada desde el nivel personal, tanto hombres como mujeres, asumiendo la equidad de género en nuestras relaciones interpersonales, como un principio ético fundamental, para aplicarse en todos los momentos y espacios de la vida cotidiana
En segundo con la voluntad política de gobernantes en turno, aplicando políticas públicas, integrales para subsanar las desigualdades entre hombres y mujeres.
Y por último ejerciendo nuestra ciudadanía. Participando activamente, para construir un espacio democrático en nuestro país. Dar y pedir transparencia, rendición de cuentas y gestión por resultado.

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