Ahora que hemos estado tocando el tema de igualdad de género,  estuve reflexionando sobre el impacto dentro de las corredoras, cómo ha sido el camino que hemos recorrido para sumar más mujeres a una competencia  o que simplemente ves correr en la calle y qué ha pasado desde la primera mujer que se animó a correr el maratón de Boston.
Con esto les quiero compartir la reseña de un documental  que habla del tema en las mujeres de Kenia y Etiopía. Resulta bastante interesante ya que cuenta del cambio que se está generando en estos dos países africanos gracias al atletismo.
Es el caso de las atletas femeninas de Kenía y Etiopía. El fondismo en sus países está consiguiendo cambiar principalmente los roles entre hombres y mujeres. Considerando que  son dos países donde el machismo ha tenido fuertes impactos pero que ahora comienza a combatirse a través de los pies de estas chicas.
El dinero conseguido en las pistas les aporta ahora a las mujeres una estabilidad económica, que les permite ser independientes para decidir cómo administrar sus cuentas, y por consiguiente, su futuro. El momento de  volver a casa después de la competición ha cambiado, ya que ahora las mujeres aportan el sustento y los maridos se ocupan de las tareas del hogar.
La primer parte del documental se sitúa en Iten, un pequeño pueblo al oeste de Kenia, donde en sus caminos ya no se ve solo a hombres preparándose para una competencia, con un entrenador atrás de ellos. Ahora se han desarrollado hoteles y peluquerías cuyos dueños y empleados no están reservados solo a los varones, y los niños no son los únicos que hablan de sus perspectivas de futuro con ilusión. Pero para que esta transformación haya empezado a materializarse las atletas han tenido que sortear un camino lleno de obstáculos. Y no ha sido nada fácil.
“Mi mánager me decía ¿Por qué compartes tu dinero con tu novio? En Alemania me di cuenta de que para algunas mujeres cuando el dinero es suyo, es solo suyo. Pueden mantenerse ellas solas”.
Es el relato de Agnes Kiprop, que resume a la perfección el nuevo espíritu que se atraviesa en Kenia. En las repisas de su casa no hay hueco para más premios. Ella relata cómo viajar les ha abierto la mente, cambiándoles su actitud ante el día a día:
“Era mi dinero, pero mi marido quería decidir cómo invertirlo. Yo pagaba el colegio, la casa, mientras él igual estaba borracho… Así que decidí quedarme sola con mis hijos”.
Uno de los entrenados admite que algo está cambiando: “El hombre siempre ha tenido la obligación de ir de caza y defender a la familia, y la mujer se encargaba de todo lo relacionado con el hogar”. Hasta ahora. Las familias, aunque con resistencia, “se han dado cuenta de que ganan más si la mujer es atleta que con la dote que les darían si se casa tras dejar el colegio”, cuenta un misionero encargado de uno de los colegios más distinguidos de la zona. La suma de educación y atletismo se ha convertido en la combinación perfecta.
Otro factor que ha contribuido a este cambio es que las niñas puedan recibir una educación, ya que les permite combinar su carrera deportiva con los estudios, una garantía a futuro para cuando la edad les haga dejar las competencias.
“Una mejor educación para las mujeres es garantía de un futuro mejor”, afirma Lornah. Una atleta retirada de 40 años con dos oros mundiales que  se ha convertido en la inspiración para muchas mujeres de Iten, a las que ahora facilita más oportunidades con un centro de entrenamiento construido gracias a los éxitos que le ha brindado la pista.
La mayoría de las mujeres que aparecen en el documental están divorciadas o sencillamente han decidido vivir sin compromiso, en la soltería, que para Kenia o Etiopía es un paso insólito. Así, el atletismo les regala libertad en un sentido muy amplio: pueden marcar su futuro profesional y comienzan a decidir su posición en el ámbito personal sin cortapisas. Aunque la llama del machismo sigue latente.
El documental 01:05:12. Una carrera de fondo nació de la experiencia de Javier Triana.