¿Cuántas veces hemos tenido la intención de empezar a hacer ejercicio, pero nunca sucede?, ¿cuántas veces decimos que tomaremos más agua, caminaremos más y comeremos cosas más sanas, pero todo se vuelven metas sin cumplir?
Te aseguro que muchas veces has tenido buenos inicios, pero después de algunos días o semanas, lo que parecía el comienzo de un buen hábito, queda en el pasado.
¿Te has preguntado por qué sucede esto? Algunas veces por flojera, otras por que “no tenemos suficiente tiempo” y otras por que simplemente perdemos la motivación.
Hace unas semanas empecé una competencia de pasos con unos amigos. Todos descargamos en el celular una app (Pacer) que cuenta los pasos que das en todo el día, y te muestra también los pasos que han dado tus amigos; lo que crea genera una competencia por ver quien es el que dio más pasos al final del día. Decidimos llevar este conteo por que una de mis amigas leyó en el sitio de la OMS (organización Mundial de la Salud) que para estar más sano, es necesario dar por lo menos 10,000 pasos diarios. En ese momento, debido a nuestro trabajo y un estilo de vida un poco sedentario, nuestro promedio diario era de 2,000 pasos. No estábamos ni a la mitad de lo que se necesita para una vida sana. Después de dos semanas nuestro promedio de pasos se elevó a 5,000. Nos divertíamos mucho, e incluso hicimos una apuesta, y quien tuviera el menor número de pasos en una semana, pagaba una comida. Yo me sentía motivada, me gusta cuidarme y saber que caminar más le hacía bien a mi cuerpo.
Una tarde después del trabajo fui al cine con unos amigos, sabía que no iba a poder hacer muchos pasos, pues pasaría dos horas sentada en la sala; así que mientras una de mis amigas hacía una fila enorme para comprar sus palomitas, empecé a caminar. Mientras caminaba por el centro comercial, otra de mis amigas me preguntó que qué hacía, le respondí que estaba haciendo pasos para no quedarme atrás en la competencia, a lo que ella respondió – ¡Qué ridícula, deja de caminar! – no supe que decir en ese momento, solo sé que estuve a punto de detenerme, pero afortunadamente mis pies no dejaron de moverse.
Después de aquel comentario, no pude concentrarme en la película, ¿realmente me veía ridícula caminando por todos lados? ¿era una estupidez lo que estaba haciendo con mis amigos? Después de reflexionar por el resto de la tarde, me di cuenta que NO, no era una ridícula y que lo que estaba haciendo NO era estúpido, al contrario, era una muestra de amor y respeto por mi cuerpo. Desde que competía con mis amigos, dormía mejor, me sentía más activa y buscaba actividades para mejorar mi condición.
Lo que sucedía, es que estaba haciendo de caminar un hábito que sin darme cuenta me hacía sentir mejor conmigo misma. Y no era la única, lo mismo pasaba con mis amigos, quienes también observaban buenos resultados y se sentían más activos. Entonces… ¿quién estaba mal?
En algunas ocasiones, los comentarios de otras personas suelen tener un fuerte impacto en nuestra forma de pensar y actuar. Lo peor que podemos hacer es permitir que esos comentarios nos desmotiven. Ya sea que hayas comprado una serie de videos de pilates para hacer en casa, que hagas pequeños ejercicios de meditación, que te levantes cada hora de tu escritorio para estirar las piernas, que dejes de fumar o beber, o que empieces a contar tus pasos, NO TE DETENGAS.
El mejor regalo que le puedes dar a tu cuerpo y mente es mantenerlos sanos y activos.
No permitas que los comentarios de otras personas te hagan pensar que lo que haces está mal, cuando en realidad ellos no se han percatado de lo importante que es cuidar su cuerpo, mente y espíritu.
Cuídate, amate y respétate.
Continúa buscando buenos hábitos y aprovecha tu energía. Tu cuerpo y mente te llevarán a hacer cosas que jamás imaginaste. ¡Disfrútalos!
Vale Milenial