Existen muchos tipos de terapias y creo que todas tienen algo bueno, se los dice alguien que va desde los 6 años y no me da pena admitirlo, el simple hecho de ir es aplaudible. Son múltiples las razones por las cuales empecé a ir o por las que sigo yendo pero de verdad que no me arrepiento.
Ir a terapia implica realizar un trabajo intenso y constante, incluso aunque no esté literal en plena terapia tengo seguir trabajando en mi misma.
El estar en terapia es un reto que tengo que superar día con día, he entrado a lugares oscuros y me he sentido incómoda y ¿por qué? simplemente porque ya estoy acostumbrada a una versión de mi misma con la que es mucho más fácil lidiar pero ¿saben? no quiero sobrellevarme; no les voy a mentir muchas veces he sentido miedo ya que no se qué va a ocurrir, simplemente sé que voy  a enfrentarme a un terreno desconocido o que incluso yo misma decidí bloquear para “protegerme”; otras veces no quiero ir porque no me dan ganas y me siento cansada pero de inmediato pienso que si no me hago cargo de mi misma y trato de estar lo mejor posible, nadie absolutamente nadie, lo va hacer por mí.
No todo es negro o gris en el mundo terapéutico y existen miles de cosas que he ganado yendo a terapia como esperanza, saber que todo pasa, que nada es constante, que hoy puede que haya sido un pésimo día pero que mañana no necesariamente debe ser así y si lo es también va a pasar, he logrado estar más en contacto conmigo misma, estoy más alerta de lo que siento, cómo reacciono y finalmente es un poco contradictorio pero me genera tranquilidad.
Mujeres Importantísimas no basta con “querer estar bien”, tenemos que meternos al lodo y ensuciarnos para encontrar lo que nos impide expandir nuestra luz.
Besos!!