Hace aproximadamente 5 años salí de mi casa, tenía apenas 18 y ya me preparaba para iniciar una aventura que aún no termina. Pienso en aquel día y aún se me enchina la piel de recordar el auto de mis padres alejándose mientras yo me quedaba sola en un lugar desconocido y poco a poco desaparecía en el retrovisor.

Una sensación que nunca había experimentado, quería gritarles que se detuvieran, que no quería quedarme, que tenía miedo y que no quería alejarme de mis hermanas, pero algo dentro de mí no lo permitió; y ese algo eran mis sueños.

Desde aquel día, no he regresado a vivir a mi casa; a pesar de cuanto extrañe a mi familia y amigos, siempre hay algo que me lleva a estar en otro lugar. Cada vez que me voy es el mismo sentimiento, la angustia, la tristeza y la misma pregunta: “¿Cuándo los veré nuevamente?” En algunas ocasiones no he tenido la respuesta. No ha sido fácil, pero en cada una de esas experiencias he logrado transformarme, descubrir quién soy, que quiero y a donde voy, y eso no lo cambio por nada.
Ya sea por la escuela o el trabajo, vivir en otro lugar será siempre una experiencia enriquecedora, y que cambiará quien eres y tu forma de percibir el mundo.

Si sueñas con viajar y conocer otros lugares, probablemente te has dicho esta frase muchas veces: ¡Algún día! Una frase que abrazamos tan fuerte y la hacemos tan nuestra que se vuelve una realidad, y ese día nunca llega; nunca llega por que no tiene fecha, no tiene hora, ni pies ni cabeza y muere como un deseo que nunca se cumplió.

No sé cuáles son tus sueños, pero puedo imaginar cuales son los miedos que te han impedido seguirlos. ¿Dinero?, ¿Incertidumbre?, ¿Tiempo?… Para mí todos suenan a pretextos.

Cualquier objetivo que te propongas lo puedes lograr, se necesitan ganas, pero sobretodo mucho mucho mucho esfuerzo y olvidar los miedos.

Cuando me mudé a otro país, tenía muchos sentimientos encontrados, hacía ya mucho tiempo que lo había planeado y era el lugar de mis sueños, pero no hablaba el idioma a la perfección, no tenía donde vivir y no conocía a nadie. En el aeropuerto tuve la misma sensación que tuve cuando dejé mi casa la primera vez, quería gritar a mis padres, decirles que no me dejaran y me llevaran con ellos, afortunadamente no lo hice.
Estar dos años en el extranjero ha sido hasta ahora la experiencia más gratificante en mi vida y la que más enseñanzas me ha dejado. Aprendí, que, aunque parezca una locura, en otros países no comen con tortilla (pobres no saben lo que es bueno), que el idioma puede dificultar la comunicación, pero nunca será una barrera para hacer amigos y conocer gente nueva, que debemos apreciar los días de sol ya que en otros países llueve y llueve mucho, que las conversaciones por Skype te ayudan a no sentirte solo y a seguir adelante, que incluso cuando pensamos que no podríamos vivir con gente X o Y, siempre podemos adaptarnos y aprender de ellos.

Aprendí nuevas formas de comer, de divertirme, aprendí que el dinero no siempre es necesario para las mejores aventuras, que siempre hay personas buenas y dispuestas a ayudarte, que viajar sola es posible y muy divertido, que el café no se toma igual en todos lados, que puedo cocinar muy bien, que estar sola de vez en cuando no es malo, que los viernes de queso y vino entre amigos son mejores que una noche de fiesta, que puedo hacer una tesis en cuatro meses, que la gente viene y se va pero los verdaderos amigos siempre se quedan, que puedo tocar el chelo, que puedo escribir poemas y surfear, pero sobretodo, que con mis experiencias puedo cambiar la vida de alguien más.

Cuando volví, me decían que había cambiado, que no era la misma de antes, y en realidad así es. Mis ojos vivieron lo que otras personas no, probé sabores que otros no, caminé en otras calles, recorrí museos y parques enteros, tuve miedo, fui mi única compañera y viví cosas que no entenderían por que no han estado ahí. Entonces sí, cambié y nadie puede cambiar eso.

Y tú… ¿Qué esperas? ¿Qué historias quieres contarles a tus nietos? Dicen que la vida comienza al final de tu zona de confort, así que sal, descubre, explora y no permitas que nada ni nadie te detenga.

CARPE DIEM

Vale Milenial