Desde que empecé la universidad he vivido en diferentes lugares; pueblos, ciudades grandes y no tan grandes, casas, departamentos, estudios, etc… Y por lo tanto he tenido que compartir mi espacio con más de 32 personas. Sí, he tenido más de 32 roommates diferentes en los últimos 5 años y ha sido toda una experiencia, la cual, podría describir en tres etapas: emoción, incertidumbre y adaptación.
La primera vez que salimos de nuestra casa, todo parece ser perfecto, ya no más mamá despertándote temprano los domingos, ya no más hermanos ruidosos y molestos, ya no más compromisos familiares los fines de semana, ahora todo tiene sabor a LIBERTAD. Estás emocionada por vivir en un nuevo lugar y conocer a las personas con las que pasaras un semestre o un año entero.
Al principio todo es emocionante, estas dispuesta a hacer que todo funcione; ya imaginas las salidas, cocinar juntas, compartir ropa y secretos, etc… Y así es, funciona tal como lo planeaste durante uno o dos meses. Poco tiempo después todo cambia, no todas están tan dispuestas a lavar los trastes después de usarlos, tu compañera de cuarto ya no hace su cama y avienta su ropa en la tuya, la cocina y el baño son un desastre y nadie tiene tiempo para ocuparse de ello. Como sea, logras sobrevivir, y decides que la próxima vez será diferente.
Ahora que ya tienes una primera experiencia compartiendo casa con desconocidos, eres más exigente y buscas hasta debajo de las piedras toda información necesaria sobre tus nuev@s compañer@s. Ni muy ruidos@s, ni muy ñoñ@s, que les guste la limpieza, que no tenga novi@, que no salgan todo el tiempo de antro, y que no les guste fumar… No soportas la incertidumbre, quieres que está vez sí sea perfecto, que la convivencia sea tranquila, sin dramas ni personas que no saquen la basura. El tiempo pasa y te das cuenta que otra vez las cosas no salieron conforme a lo que habías planeado. Tal vez no salen de antro, pero olvidan sus trastes sucios durante semanas, tal vez tienen mucho en común, pero no soportas que su novi@ sea ahora un inquilino más…
Y así, por fin te das cuenta que los roommates perfectos no existen.
En la etapa de adaptación, todo parece ser más simple. Sabes que no importa quienes sean tus próximos compañeros, sabes que las cosas no saldrán de acuerdo al plan, y que a pesar de eso el mundo no se va a derrumbar. Sabes que los problemas llegarán, sin embargo, todo tiene solución. Sabes que la mejor forma de solucionar los desacuerdos es comunicando y escuchando, decir lo que te gusta y lo que no, lo que te molestó y lo que no soportas, pero también sabes escuchar, y habrá cosas que a los demás no les gusten de ti, y tendrás que ceder en algunas ocasiones. La convivencia se vuelve más agradable y te das cuenta que convivir contigo es bastante sencillo.
Pasar por estás tres etapas ha sido un camino de mucho aprendizaje, principalmente sobre mí misma. A continuación, te comparto unos tips que podrán ayudarte a tener una mejor convivencia con tus roommates, o a estar preparada para que lo que vendrá si es la primera vez que sales de tu casa.
 Analiza antes de decir que sí, escribe en una hoja lo que estás dispuesta a tolerar y lo que no, esto te ayudará a identificar a las personas con las que sí podrías vivir y también a las que no. A veces nos apresuramos a decir que sí cuando nuestra mejor amiga nos propone que vivamos juntas, pero no es lo mismo estar juntas durante la tarde, que por 24 horas. A veces es mejor decir NO y evitar dañar una amistad por culpa de unos platos sucios.
• Siempre habrá algo que no te guste de ell@s, los roommates perfectos NO existen ni en los cuentos de hadas. Tienes que prepararte mentalmente a que SIEMPRE habrá algo que te moleste de ell@s. Es imposible que nos agrade una persona al 100%, todos tenemos “defectos” y es normal también que existan algunas cosas sobre ti que no le agraden a los demás.
• Algunas veces hay que ceder, no podemos ganar todo el tiempo. Habrá miles de discusiones y desacuerdos. Entiendo que no soportes ver la casa tan sucia y que en el calendario está marcado que a Fulanita le tocaba barrer y trapear, pero se paciente, trabaja de lunes a viernes de 9 a 7 pm, merece salir con sus amigos el viernes para relajarse, el sábado en la tarde hará lo que le toca.
• La comunicación es lo más importante, no tiene nada de malo que hables cuando algo no te gusta. Tal vez tú y tu roommate son súper amigas, pero cuando te pide prestado tu suéter favorito te da mucha pena decirle que cuidas mucho tu ropa y no te gusta prestarla. Está bien decir NO si eso es lo que sientes, solamente cuida tus palabras y evita herir los sentimientos de los demás.
• Establezcan reglas, cada grupo de roommates es diferente, con algunos probablemente tengas que establecer algunas reglas de convivencia, de limpieza y de ruido. Al principio funciona, y una vez que empiecen a conocerse mejor, ya no serán necesarias.
• Si no te gusta estás en tu derecho de irte, si de plano te das cuenta que no estás cómoda en ese grupo o que lo tuyo es vivir sola, recuerda que no estás obligada a quedarte, huye y busca lo que te haga feliz.
Recuerda, no existen los roommates perfectos, pero eso no significa que la convivencia tenga que ser mala. Así como de algunas personas tendremos que huir, otras se quedaran y crearas un lazo muy fuerte con ellas a pesar de que no te guste que sean alérgicas a los perros.
No te cierres la puerta a encontrarte con personas muy diferentes a ti, nunca sabes lo mucho que puedes aprender.
Carpe Diem
Vale Milenial