“Para crear una paz interior lo más importante es  la práctica de la compasión y el amor,
la comprensión, y el respeto por los seres. Los más poderosos obstáculos para ello son
la ira y el odio, el temor y el recelo. De modo que mientras la gente habla de el desarme
en el mundo  entero, cierto tipo de desarme  interno es prioritario”.
S.S.Dalai Lama.
Cuando pienso en este tema, –Encontrar la paz interior, una aproximación budista y terapéutica-me veo irremediablemente arrastrada a un libro (sí, budista) que leí alguna vez: “La isla interior”, escrito, curiosamente, por una Mujer Importantísima, Ayya Khema y a una historia, budista también, que me permitiré acortar para relatar brevemente:
“Estando uno de los grandes maestros de la antigüedad con alguno de sus discípulos se dirige a él y  le cuestiona de la siguiente forma:
-Se encuentra un hombre parado a la orilla de un río queriendo cruzarlo, ¿Cómo crees tú que haría para llegar a la otra orilla?
-El discípulo piensa un poco y responde: Amado maestro, si el río no es profundo puede cruzar caminando.
-¿Y si es profundo?
-Si es profundo y sabe nadar puede cruzar nadando, si no sabe nadar tal vez puede contratar un barquero que lo lleve.
-¿Que dirías de ese hombre si sólo se parara a la orilla del río esperando, incluso demandando a la otra orilla que viniera hacia él?
-Pensaría que ese hombre es un necio.
-Así de la misma manera, aquel que quiere alcanzar la paz interior, la liberación y no trabaja con su propia mente, es un necio“.
Dos de las prácticas más poderosas en el trabajar con la mente son precisamente las de amor bondadoso y compasión hacia todos los seres, incluido y empezando casi obligadamente por el prójimo más próximo: una misma.
Todos nosotros en más de alguna ocasión seguramente hemos estado en este mismo barco, experimentando un sentimiento de inadecuación, ansiedad, miedo, frustración…es justo en esos momentos en que es primordialmente necesario ir al refugio, a nuestra isla interior, a la práctica de la compasión, que no es auto-conmiseración; la compasión tiene un componente hacia la acción completamente opuesto a la debilidad sin movimiento de su facsímil, es el genuino deseo, el profundo anhelo de que el sufrimiento cese.
La compasión dirigida hacia nosotros mismos está dándonos lo que otros no han tenido la capacidad o la posibilidad de darnos; es un acto de sanación, es terapéutico.
Con esto presente, comencemos  la práctica:
Busca un lugar tranquilo donde puedas estar unos minutos contigo misma. Lleva tu atención a la respiración hasta que notes que se hace más larga, rodea tu cuerpo con tus brazos, coloca una mano sobre tu corazón, cierra tus ojos y repite “Lo siento mucho, te quiero”, quédate ahí un poquito; simplemente nota las sensaciones, sentimientos y pensamientos que surjan, sin juicios, solo notando con apertura de mente y corazón.
Al cabo de unos momentos, todas tenemos nuestro particular ritmo, puedes continuar:
  • Amo tu risa y tus lagrimas.
  • Amo tu timidez.
  • Amo tu no ser suficiente.
  • Amo tu culpa y tu vergüenza.
  • Amo tu egoísmo.
  • Amo tu búsqueda.
  • Amo tu calidez.
  • Amo tu sonrisa.
  • Amo tu ansiedad.
  • Amo tu ignorancia.
  • Amo tu miedo.
  • Amo tu temor de ser excluida.
  • Amo tu vulnerabilidad.
  • Amo tu sorpresa y curiosidad.
  • Amo tu humanidad.
  • Amo tu querer aliviar el dolor del otro.
  • Amo tu compasión infinita.
  • Te amo.
Siente la tibieza y ternura de tu mano sobre tu pecho, gentilmente repite para ti:
“Que pueda yo ser gentil y compasiva conmigo misma”.
Has llegado a casa, al refugio interior, a tu verdadero yo, una isla interior segura a la que siempre podemos volver donde las tormentas de la vida no nos sacuden.
Inhala y exhala cómodamente, suave y dulce, totalmente presente pero sin controlar, cuando respiramos conscientemente, ya en sí encontramos un refugio en nuestro propio aliento ¡estamos vivas! Al respirar, nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras percepciones, nuestras formaciones mentales y la conciencia entran en contacto con ese aliento, y ese aliento calma, unifica, armoniza tu ser. He aquí lo terapéutico.
Practica así siempre que lo necesites y aún cuando no lo necesites, la presencia de la conciencia plena ilumina toda situación para clarificar que hacer y que no hacer, refuerza nuestra solidez, nuestra paz y felicidad, armonizada con la realidad, serena y en paz…
Bienvenida! has llegado a casa.
Rocío Rivero es Instructora Certificada de “Cultivating emotional Balance” (Cultivo del balance emocional) con Paul Ekman y Alan Wallace. Alumna de Alan Wallance, terapeuta Gestalt, apasionada del Budismo y su trascendencia transformadora. Convencida de los beneficios de la Meditación.