“Aquél que no tiene un padre, debería procurarse  uno”
Resulta inevitable al leer esta frase de Nietzsche el no remontarse a la infancia, y en particular a los cuidados amorosos maternos, esa época de nuestra vida dónde recibimos cariños nutricios. Había alguien más que cuidaba de nosotras, que procuraba nuestro bienestar, otro ser que después de la umbilectomia y la separación de quien considerábamos ser parte de nuestro yo, nos atendía gentilmente. Recordamos con ternura todo lo recibido… ó, tal vez no.
Si éste fuera el caso  ¿Qué crees?, quiero compartirte una nueva visión, siento que me es imperioso decirte que ese amor o esos cuidados no son en realidad un algo que podamos recibir y guardar como un regalo material, como un objeto; son, a decir verdad un proceso, un proceso mediante el cuál nuestros padres o principales cuidadores nos señalarían lo que ya estaba en nosotras, con lo que hemos sido dotadas desde nuestro nacimiento, incluso antes; nos puntualizan nuestra naturaleza luminosa, la inagotable fuente de la bondad amorosa intrínseca, la naturaleza búdica, el amor esencial inherente a ti mujer importantísima.
A través de esos cuidados amorosos nos señalan dónde está esa fuente que nos habrá de nutrir en la edad adulta, así entonces, ésta es ya desde un inicio, nuestra; como nuestra es la responsabilidad de usarla y el como usarla.
Es verdad también que algunas veces el proceso resulta poco exitoso, y crecemos creyendo, sintiendo que no recibimos amor; cuantas veces escuchamos el argumento de: no fue una niña amada, es que en su casa no la querían de pequeña; cuando es más bien que no lo hemos encontrado, aún. No nos indicaron donde localizarlo; todavía, no identificamos en nuestro ser esa fuente luminosa, potente e inagotable del amor bondadoso, porque nuestros padres, imperfectos también, no pudieron hacerlo, no tuvieron la capacidad para mostrárnoslo.
Te tengo una noticia, ¡no es demasiado tarde! Hay en ti, ahora como mujer adulta, la suficiencia para localizarlo y darte así la oportunidad amorosa de comenzar a sanar tu niña, y si te aventuras conmigo en esta empresa ricamente sanadora, te propongo el siguiente ejercicio como inicio a un mayor bienestar, a un querer estar mejor:
Dispón de unos quince minutos de tu tiempo y un lugar tranquilo donde puedas estar cómoda y realizarlo.
-Siéntate relajadamente ya sea en una silla o en el piso sobre un cojín de meditación. Toma tres inhalaciones bien profundas llenando la barriga y al final el pecho, exhala fuertemente por la nariz. Lleva tu atención al respirar en el área del abdomen, quédate ahí por unos momentos y cuando notes que tu respiración se hace más larga cambia el foco de tu atención y atiende a tu cuerpo completamente.
Lo que sea que ocurra ahí está bien, este momento es perfecto, cualquier sensación que surja en el campo de tu cuerpo está bien. Por favor no conceptualices, atiende al cuerpo y no te aferres.
Si surge felicidad, alegría, descontento, temor, ansiedad, simplemente permite que surja, no lo analices, no trates de cambiar nada.
Cualquier emoción placentera o desagradable está bien, si una emoción vulnerable surge, dale la bienvenida.
Si surge bondad descansa en ello, si surge tristeza permite que surja. No necesitas conceptualizar, atiende la emoción.
Simplemente permite que surja cualquier tristeza o remordimiento, no elabores sobre ello, estamos en la sensación por si sola. Relájate con cualquier sensación, no pienses, siente. No etiquetas, no juicios.
Siente, siente las sensaciones, siente el estado de ánimo, siente la emoción, siente las sensaciones del cuerpo y mantén tu presencia mental ahí por unos momentos descansando tu atención en las sensaciones de la emoción; estando atenta a tus emociones podrás transformarlas.
De hecho, no tienes tú que hacer nada en especial, el sólo hecho de atender las emociones eventualmente lo hará.
No apliques ningún método asombroso para tu propia transformación, tan sólo permítete estar contigo misma gentilmente, no pienses, siente.
Si notas que estás analizando, simplemente atiende al cuerpo y relájate más. Relájate.
Tal vez puedes sentir que te estás quedando dormida, está bien, solo no te duermas. Esto es un signo de que estás empezando a experimentar relajación, pero si te duermes te pierdes la oportunidad.
Tan sólo respira; si notas algún cambio en tu respiración, está bien. Ello significa que empezaste a liberar la tensión de tu cuerpo, pero no te aferres a ello. Simplemente atiende tus sensaciones. No necesitas experimentar algo asombroso o algo doloroso, sé consciente de eso, tu consciencia siempre está presente.
Cuando estés lista, relájate más, y ahora deja ir, deja ir, deja ir bien profundo.
Notarás que algo cambia adentro de ti, tal vez experimentas alegría, relajación, apertura en tu corazón, eso… eso es el amor esencial.
Quédate ahí, quédate por unos momentos sumergida en la experiencia, permite que permee todo tu cuerpo, cada célula de tu ser, como un suave y dulce bálsamo.
Ya ha comenzado tu transformación mujer importantísima! El primer paso del sanar tu niñez, ha sido dado…