Son diversos los determinantes para que en especial las mujeres rurales se encuentren vulnerables, viviendo en condiciones de pobreza, discriminación, invisibilizadas, con carencias de atención en salud, nutrición, educación, tanto para ellas como para sus hijas e hijos y actualmente con mayores responsabilidades, pero con escasas herramientas para hacerles frente, en general en una situación desventajosa y limitada para su bienestar y desarrollo (CEPAL 2013).
En numeralia general se tiene que:
• Su esperanza de vida es de 69.5 años, 3.5 menos que las mujeres urbanas.
• Las mujeres rurales mayores de 15 años presentan un analfabetismo del 26%, mientras que las mujeres urbanas del 9%.
• El 18% no generan ingresos frente a un 8% de las mujeres urbanas.
• Su riesgo de fallecimiento por embarazo, parto o puerperio es doblemente mayor que en la mujer urbana.
• Corresponden a la mayoría de quienes reciben menores ingresos y forman los sectores informales no organizados en la mayoría de las economías.
• Sin acceso a financiamiento ni garantías.
En ese sentido, una estrategia de desarrollo probada para apoyarla a las mujeres rurales es promover procesos de empoderamiento para que puedan garantizar su acceso a los servicios básicos, el control sobre la tierra y otras formas de propiedad, herencia, recursos naturales, capacitación, tecnología nueva adecuada y servicios financieros, de tal manera que, al impulsar su  desarrollo económico se mejora el crecimiento y aumentan las perspectivas de desarrollo  no solo para ellas, sino para las generaciones actuales y futuras.
Otra forma muy puntual de ayudar a las mujeres rurales es adquiriendo los productos de aquellas que han decidido emprender una empresa, de tal manera que se puede dar preferencia a aquellos que son elaborados de manera natural, artesanal u orgánica y que permiten que las mujeres generen ingresos para apoyar la economía familiar e inclusive la local.
Por último, otra forma de contribuir de manera indirecta es aportar a  organizaciones de la sociedad civil que realizan  trabajo con mujeres rurales,  como  Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, ahora Educampo,  que a través de su programa En Pro de la Mujer desde 2008  ha apoyado a grupos de mujeres en Oaxaca, Yucatán y Campeche para el emprendimiento o generación de microempresas que les ha permitido generar utilidades con las cuales han pasado de ser amas de casas dependientes del ingreso del esposo a mujeres que son conscientes de su realidad y de los recursos que tienen para cambiarla. 
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