Cuando cuidamos a un enfermo con VIH, nos convertimos en compañeros de viaje y con él vamos a experimentar dolor, confusión y con frecuencia lo absurdo e injusto de la enfermedad.

Por lo general, quienes la padecen buscan que alguien los escuche, necesitan hablar y decir todo lo que llevan dentro. Sus temores, sus alegrías; esa parte de su vida que ya cambió. Escucharlos en los momentos difíciles cuando la razón no alcanza a comprender el por qué de esa situación, cuando se preguntan, ¿por qué a mi? ¿En qué momento me descuidé?, etc.

Si vamos a cuidar a un enfermo, tratemos de desarrollar cualidades que nos van a ayudar mucho: tolerancia, sinceridad, respeto, amabilidad y consideración.  Ingredientes indispensables para poderle ayudar.

Tratar de entender por lo que están pasando. El VIH es una enfermedad con gran impacto en todos los aspectos de la vida: físico, emocional, social, espiritual y económico. Hoy se puede vivir por muchos años con esto, pero se requieren  medicamentos costosos, alimentación muy saludable, cuidados y mucho cariño, ya que sin este último ingrediente, de nada sirve estar cerca.

Se debe aprender a “estar ahí”, aceptando al paciente como es, no como él quisiera ser o como nosotros quisiéramos que fuera. Aprender a ver sus partes luminosas y oscuras es una de nuestras más importantes responsabilidades, ya que de ello se hablará seguramente durante el proceso de acompañamiento.

El aquí y ahora es importante, lo que fue ya pasó y no va a volver. El futuro es incierto. El presente es lo que cuenta, es preciso ayudar a clamar los dolores del cuerpo y del alma. El cuidado debe ser integral y debemos prepararnos; leer, meditar, dejarnos sentir, etc.

Ayudar a que el paciente acepte lo inevitable del dolor y el sufrimiento que experimenta, en donde lo que más importa es la actitud que va tomar ante lo que está viviendo.

La familia y sus amigos cercanos son vitales y debemos hablar con ellos para apoyarlos y ayudarles a transitar por los caminos que hoy necesitan andar.

El enfermo sufre mucho y a veces se desespera;  si le ayudamos a que encuentre un sentido a lo que le está pasando, y a que logre trascender (es decir, salir de él para ir a otros), logrará tener una vida con más paz consigo mismo y podrá irse más tranquilo.

 

 

Arloinne Marín es Tantóloga, Especialista en Logoterapia y Maestra en Terapia Familiar Sistémica.

Ha acompañado a varias personas en su duelo  por alguna pérdida o por enfermedad.

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