Hoy estaba haciendo mi árbol de navidad con un cartón y un montón de hojas secas que había en mi jardín, me chateó una amiga:

–          ¡Hola! ¿Qué haces?

–          Mi árbol de navidad.

–          ¿Estás poniendo tu árbol?

–          No, lo estoy haciendo.

–          ¡Que huevaaaaaa! ¿Por qué no compras uno ya hecho?

La verdad es qué no supe contestarle por qué y terminé preguntándole ¿Tú que haces? Y la dejé hablando sola mientras me peleaba con mi pistola de silicón. Me quedé sin silicón. Salí al centro caminando a comprar más silicón.

De camino a la papelería pasé por el mercado donde venden cosas chinas, repleto de árboles de navidad, lucecitas con música insoportable, esferas, moños, santa clauses, muñecos de nieve que no son de nieve, renos, calcetines y películas pirata… estaba repleto de gente comprando cuanta madre había preparándose para pasar una feliz navidad.

Aclaro que no tengo nada en contra de las Navidades Felices, si lo tuviera no hubiera empezado a hacer mi árbol.

La papelería-mercería-tienda de telas estaba igual de llena con gente comprando igual, cuanta madre, para la navidad. Compré mi silicón y regresé a la casa saturada de ver gente comprando a seguir haciendo mi árbol.

–          Por qué un árbol comprado no garantiza que pase una Feliz Navidad, y un árbol hecho por mí me hace feliz, me hace muy feliz no comprar cuanta madre hay en el pasillo pirata, y me hace más feliz estar un poquito alejada del consumismo navideño.

–          ¿Qué?

–          Me preguntaste por qué no compraba un árbol hecho, pues por eso.

–          Jaja, que hippie!!!

Seguí pegando hojas, peleándome con el silicón y pensando en el chat de mi amiga… ¿De verdad creemos que todo se soluciona comprando algo? Pues la verdad es que parece que sí.

Que si nos compramos tal perfume o tal maquillaje vamos a conquistar a ese galán que nos late.

Que si nos compramos tal outfit vamos a parecer la Mujer Importantísima más pro del universo y nos van a promover para ganar más y comprar más cosas que no necesitamos.

Que si compramos esta crema, ese remedio, esa máquina, vamos a ese gimnasio, vamos a tener el cuerpo photoshopeado de las mujeres que están en las revistas en las que gastamos el dinero que hacemos trabajando.

Que si compramos esferas, coronas y velas vamos a pasar una Feliz Navidad.

Que si no gastamos una cantidad considerable en regalos para todos en navidad nos van a ver como marras, codas o raras.

Qué engaño ¿no?

 

Yo no soy precisamente el mejor ejemplo de una consumidora responsable, pero de verdad me niego a comprar esos engaños, esas cosas que prometen la felicidad o el amor o la salud y que rara vez cumplen. Si eso hace que me digan hippie la neta es que no es la primera ni la última vez.

Todas tenemos grabada en algún rincón de la mente la cancioncita de regale afecto no lo compre, y creo que a la mayoría nos hace sentido, pero no hacemos mucho al respecto.

Ten una Feliz Navidad, pero no la que está saturada de consumismo, la Navidad que es feliz porque estamos todos cenando juntos, porque estamos vivos, porque estamos sanos, porque nos damos abrazos con aquellos que no vemos tanto como quisiéramos.

La actitud consciente frente al consumismo es aquella que nos lleva a reflexiona sobre la importancia de detenernos antes de gastar y apreciar todo aquello que tenemos y que no siempre valoramos.

Atrévete.

mayda@mujeresimportantisimas.com