Nunca me ha gustado estar descalza en mi casa…… Me molesta cualquier cambio en la textura del suelo……sin embargo, hace dos años me sorprendí cuando subí por primera vez una montaña y mi cuerpo me gritaba “quítate los zapatos”, y pues me hice caso, me los quité……caminé y caminé descalza hasta llegar a la cima.

No se pueden imaginar TODO lo que sentí !!!!!!

La montaña para mí ha sido uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida y una de las medicinas más poderosas.

Comencé a subir la montaña con el alma rota, literal, rota, en pedazos….. Con un dolor constante que se sentía con cada respiro.  Cada vez que subía la montaña, cada vez que caminaba entre sus árboles, cada vez que me conectaba con la energía de su bosque, mi alma sentía PAZ, una paz que es difícil de describir, y una energía que claramente se sentía en todo mi cuerpo.

He caminado sus senderos, llorando, le he contado mis más grandes anhelos, he reído por sus veredas y cada vez que subo me sano, me reconstruyo, me lleno de una energía que es difícil de describir, es una energía que se siente en los pies, sientes la fuerza del aquí y el ahora, caminar por la montaña me ha anclado y me ha dado una de las enseñanzas más importantes en mi vida, hay que observar nuestro camino, hay que REALMENTE observar TODO lo que hay en el camino, al mismo tiempo que te escuchas a ti misma.

La montaña nos regala su belleza, y su fuerza, nos demuestra una y otra vez que los árboles son como son……. Nos enseña a no juzgar a los demás ni sus acciones. La montaña te cobija y te permite adentrarte en ti para que logres una transformación en tu ser. La montaña es el reflejo de cómo son los ciclos de la vida, hay ciclos en los que el árbol y sus hojas son verdes y están aún en el árbol, y hay otras en las que es necesario ayudarle para que pueda continuar a ser tierra fértil.

Hoy, tengo mi santuario en una montaña……. Es un lugar MUY mágico por qué ahí puedo llegar a llorar, abrazar, gritar, estar en silencio y siempre es un espacio que te contiene y te recibe.

Cuando subes a una montaña y comienzas a cansarte a tal grado que tu corazón está palpitando fuertemente respira y on atención a ese latido, escúchalo y repítete: “estoy viv@”, esas pulsaciones son las mismas que necesitamos y que utilizamos cuando nacimos, y hoy podemos agradecerles.

Si tienes la oportunidad de caminar y subir una montaña, no te pierdas los regalos que esta experiencia te va a dar.

yissel@mujeresimportantisimas.com