Hoy he decidido que es el momento de empezar a compartir mis pensamientos. Todo tipo de pensamientos, pensamientos comunes y profundos, pensamientos sobre el amor y sobre la guerra; o tal vez pensamientos sobre la vida y la muerte, sobre los peces, la lluvia, París o sobre el gelato.

He vivido tantas cosas, fuera y dentro de mi cabeza, que no sé por donde empezar. Lo que importa hoy, es que ya he empezado.

Dicen que la vida está llena de ciclos, algunos se cierran antes de lo esperado y otros se cierran aún después de la muerte. El fin de un ciclo puede partirnos el corazón o hacernos libres. Algo que es seguro, es que una vez que se cierra, jamás podrá volver a abrirse. Podremos intentar romper el candado, pero una vez abierta la puerta, nos daremos cuenta que lo vivido ahí está, no se puede cambiar, y solamente seremos espectadores de nuestra propia película.

Sabemos que en el momento en que se cierra un capítulo, ya no hay vuelta atrás, y podremos tener sentimientos de amargura, de tristeza, de alegría… Podremos tener un nudo en la garganta y sentir desesperación al saber que todo llegó a su fin. Sin embargo, el tiempo como siempre, hará su magia; y sin darnos cuenta, estaremos ya a la mitad de una nueva historia.

Muchos pensarán que el cierre de un ciclo, se traduce en un choque de emociones. Pero ¿no son acaso más fuertes las emociones y los sentimientos, momentos antes de ponerle fin a este círculo? Estoy hablando de días, horas y minutos, ese periodo de tiempo próximo al día tan esperado o tan detestado. Esos días en los que sabemos que el fin de una historia o de una etapa está cerca y que aún tenemos en nuestras manos el poder de no cerrar la puerta con llave. Ese periodo en el que los minutos pueden volverse horas, o en el que pareciera que las noches son más cortas.

Tenemos nuestras dudas, sentimos ansiedad, angustia, desesperación; quisiéramos acelerar el tiempo o detenerlo, detenernos un momento, pensar si lo que hicimos fue suficiente, si actuamos como nos hubiera gustado hacerlo, saber si dejamos todo en el campo. Nos lamentamos de nuestros errores, evaluamos los aprendizajes y hacemos un recuento de nuestros instantes más felices. Tomamos fotografías de los momentos que queremos recordar y echamos al océano los que no merecen ni siquiera flotar.

Estoy a unos cuantos días de cerrar un capítulo, el cual lleva dentro muchos ciclos. Muero de ansias por que los días apresuren su paso, pero al mismo tiempo he pensado que valdría la pena tomar un respiro, apreciar el paisaje, respirar este instante y saborear hasta el último minuto de este historia que no se repetirá jamás.

Carpe Diem

Vale Milenial

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