“Un hombre viajó a tierras lejanas con el único propósito de visitar a un famoso sabio, nada más llegar se sorprendió al ver que vivía en un cuarto muy simple,

 los únicos muebles eran una cama, una mesa y un banco.

-¿Dónde están sus cosas? Preguntó el viajero.

-¿Dónde están las suyas? Pregunta el sabio.

-¿Las mías? Pero si yo sólo estoy aquí de visita, contesta sorprendido el viajero.

-Yo también… Concluye el sabio” 

Nada mejor que esta breve historia para ejemplificar con contundencia el perfecto desapego, y sin embargo no podemos negar que somos seres habitando un mundo innegablemente material, de hecho, la mayor parte del tiempo altamente materialista, somos Mujeres Importantísimas impactando a cada momento el mundo y la vida de otros siendo amigas, hijas, madres, profesionistas, maestras… para todo esto son importantes de alguna u otra manera los recursos materiales, así que no se trata de deshacerse de todo cuanto vaya un poco más allá de lo necesario, de hecho el desapego tiene que ver menos con el objeto y todo con el cómo me relaciono con él.

Esta forma de relacionarnos es una carga muy pesada de mantener y la mayoría de las veces es menos pesado y doloroso el soltar, el dejar ir, que la angustiosa lucha por sostenerse o sostener lo que sea que sea a lo que estamos en exceso apegadas.

Si duele, sin lugar a dudas, es apego excesivo.

Apegarse es en ocasiones necesario, es este apego lo que mantiene juntas familias y parejas, en realidad representa un problema considerable y fuente de enorme sufrimiento cuando se hace excesivo, cuando el deseo de control a raíz de este exceso de apego domina el campo de nuestras vidas generando una cantidad de emociones y estados mentales aflictivos que nos llevan a lo que parecería un lugar sin retorno, ni que decir si el objeto de este apego es otra persona, lo sofocante que puede ser para ella y lo destructivo para la relación; como si fuera poco, cabe también mencionar otra importante característica de este excesivo apego, que es el hecho de que distorsiona nuestra percepción de la realidad, menuda faena.

Es en varias formas comparable a una adicción, una dependencia compulsiva hacia objetos o experiencias externas fabricando una realidad ilusoria. El Buda compara el apego con el beber agua salada, mientras mas bebes mayor sed te provocas.

El secreto entonces está en mantener el apego en equilibrio, de la misma forma en que se afina un instrumento de cuerda, ni demasiado tenso ni demasiado flojo; para lograrlo es necesario por supuesto practicar su opuesto: el desapego, con el fin de mantener un equilibrio sano.

Cultivar el desapego, ¿Cómo comenzar? Es importante hacerlo en momentos de relativa calma, con situaciones poco densas, comenzando en una aproximación gradual. Uno de los mejores métodos en la práctica es el de la meditación, y es que la esencia de toda meditación es precisamente el soltar el dejar ir, el aprender la paciencia contemplando la infinita gama de posibilidades que habitan cada instante.

Hagamos una práctica sencilla, pasando de un punto al siguiente una vez que te sientas cómoda;

  • Y siéntate unos minutos en un lugar en el que puedas estar tranquila por este tiempo, permite que el cuerpo encuentre su reposo natural, deja que tu respiración se asiente cómodamente y nota si se vuelve más larga.
  • Recorre tu cuerpo lentamente de las plantas de los pies a la coronilla de la cabeza, donde notes un punto de tensión de manera consciente y voluntaria, suavemente lo relajas. Relaja tu cara, libera tus hombros.
  • Lleva tu atención al área del abdomen y relájalo, pasa ahora a su interior a los órganos internos, estómago, intestinos y simplemente permite que cualquier sensación o imagen surja, ve si hay ahí algún mensaje para ti. No es necesario hacer algo, solo nota, es todo, es un sencillo darse cuenta y nada más.
  • Nota ahora tu respiración en el área del pecho por unos momentos, permite que fluya suave y automática, armónica según tu ser; lleva ahora tu atención a los órganos internos, tus pulmones y tu corazón, nota las sensaciones o imágenes que puedan surgir sin juzgar, ni reaccionar, de nuevo sólo dándote cuenta de lo que ahí aparece en amorosa presencia contigo, y ve si hay algún mensaje en esa zona de ti para ti Mujer Importantísima, sólo nota, quedándote ahí unos momentos.
  • Y  enseguida descansa, descánsate, descansa ya has comenzado a desapegarte!

Descansa, inmersa en las sensaciones que surgen cuando permites que el cuerpo repose en su estado natural, que la respiración siga su propio ritmo, dejando que la tierra te sostenga, sintiendo el poder de la conciencia de permitir por ahora que las cosas sean como son… Así, como son.

 

 

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