Resiliencia…  suena como algo difícil y en realidad lo es; pero una vez que lo logras, eres más feliz. Yo había escuchado vagamente sobre el término, pero no estaba segura de su significado y mucho menos imaginé que algún día tendría que ser resiliente.

Como ya explicamos esta semana, la resiliencia es la capacidad de adaptarse después de un suceso difícil o traumático.

Siempre podemos preparanos para enfrentar situaciones difíciles, pero ¿qué pasa con un accidente o un suceso inesperado?

Hace tiempo me sentía responsable de un accidente que provocó la muerte de un perrito. ¿Por qué a mí? Es la pregunta que invadía todo el tiempo mi cabeza. El sentimiento de culpa y las imágenes del accidente se convertían en pesadillas que no me dejaban dormir.

Yo no quería que eso pasara, y jamás fue mi intención causarle daño a alguien. Pero yo seguía preguntándome ¿Por qué a mí? ¿por qué teniendo una vida tan linda, un acontecimiento terrible manchaba mi historia y no me dejaba seguir? ¿cómo iba a superar esto? ¿cómo lo olvido y lo saco de mi vida para siempre?

La resiliencia durante situaciones donde nos sentimos culpables, o no entendemos el porqué de ciertas cosas, es un proceso un poco diferente. En este caso el primer paso es perdonarse a uno mismo. Muchas veces nos aferramos a una idea y nos ponemos limitantes que nos impiden ver la otra cara de la moneda. Cuando nos culpamos de algo, nos cegamos a ver que algunas cosas simplemente están destinadas a suceder, y no pudimos haber hecho nada para que fueran diferentes.

El segundo paso es la aceptación, los accidentes pasan y el imaginarnos diferentes escenarios “si tan solo hubiera…” solo nos hacen más daño y no nos permiten salir adelante. Parte importante del proceso es entender también que no podemos aferrarnos al pasado. Las situaciones que nos lastiman no definen quienes somos y no tienen por qué cambiarnos. Lo que si nos define es lo que decidimos hacer a partir de X situación; y lo más importante aquí, es aceptar que el pasado no puede cambiarse, pero podemos vivir un mejor presente.

Superar una situación dolorosa o ser resiliente, no significa olvidar. No intentes borrar de tu cabeza lo que pasó, porque no será nada fácil y solo retrasaras el proceso de sanación. Enfocate en el presente, retoma tu rutina, haz lo que te gusta, te distraiga y aleje un poco de ese momento.

Tomate tu tiempo, pero no intentes olvidar.  Eventualmente las imágenes se difuminarán poco a poco y se volverán recuerdos cada vez menos presentes.

Me llevó tiempo y aún estoy en el proceso, pero hoy puedo decir que no es mi culpa, que no puedo cambiar nada de lo que pasó y estoy enfocada en las cosas buenas de mi vida.

CARPE DIEM

Vale Millenial

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