Recuerdo perfectamente mi primera depresión, fue en un periodo de Navidad en que corté con mi primer novio quién era algo así como el amor de mi vida. En aquella ocasión terminamos temporalmente y creo que en un mes bajé como 10 kilos.  Esa fue la primera ocasión en que toqué una depresión terrible.

Yo sentía que no podía seguir adelante en mi vida, sentía que no podía ni respirar, y pensaba que no volvería a ser feliz sin esa persona a quien tanto amaba.

La depresión se acabó en aquel momento cuando regresamos, pero bueno, ni te quiero contar de cómo estuve cuando terminamos definitivamente.  Después de esta tuve otras depresiones todas ellas por motivos de rompimiento de parejas.  La más seria fue cuando vi mis sueños de tener la hermosa familia con la que siempre soñe frustrados por las circunstancias que vivía en mi matrimonio y decidí divorciarme.

En aquel momento de mi vida yo literal no quería vivir.  No es que, pensara en suicidarme, pero si es un hecho que yo pensaba en ese momento que no quería vivir.  Vivir así no valía la pena.

Todos los sueños e ilusiones que tuve desde que tuve mi primera muñeca y jugué a la familia… plop se vieron rotos y truncados.     Además de eso pensaba, de nuevo, que nunca más iba a ser feliz y nunca iba a encontrar el amor

 

¿Te suena familiar?

 

Hace poco platicando con alguien muy querido, quien está pasando por esta misma situación, le contaba yo mi historia la cual ha tenido subidas y bajadas.  Hablábamos de cómo había superado esas situaciones y me resultaba muy curioso ver que justo lo que yo sentía y pensaba en esos momentos es justo lo que ella siente ahora.

 

Pasar por un rompimiento nos puede hacer sentir que literal estamos rotas por dentro, que nuestra alma no encuentra consuelo y podemos ver pocas posibilidades de volver a ser felices; sin embargo, la vida no es así, hay una alternativa y hay formas de superar momentos difíciles, crecer, aprender de ellos y seguir adelante felices.

 

Estos eventos que te cuento me llevaron a vivir, sin duda, los momentos más tristes de mi vida, pero a la vez me llevaron a crecer internamente, me llevaron a un proceso muy largo de introspección, autoconocimiento y sanación.

Gracias a estas experiencias hoy soy la mujer fuerte que soy.

Una parte súper importante en mi proceso para superar la depresión fue el apoyo de mi terapia psicológica. Cocó, mi terapeuta, estuvo conmigo en todo momento, me enseñó que una depresión en si es producto de un duelo que estamos viviendo el cual consta de cinco partes:  Negación, Ira, Regateo, Depresión y Finalmente Aceptación.  También aprendí que un duelo se vive mejor cuando te preparas para vivirlo.

Entre los muchos libros que leí hubo dos que me sirvieron muchísimo para el tema específico del duelo “No perdones demasiado pronto” de los hermanos Linn y “El camino de las lágrimas” de Jorge Bucay.

Entender qué era lo que me estaba pasando psicológicamente me ayudó muchísimo; sin embargo, después me di cuenta que no solo tenía que entender lo que me pasaba y procesarlo en mi mente, hay otra parte super importante.

 

Un día platicando con un amigo que quiero muchísimo me regaló un libro llamado “Porqué caminar si puedes volar”.  Recuerdo que me dijo que al leerlo me iba a dar cuenta de lo perfecta que era, y en medio del caos sentimental que yo vivía con mi divorcio le dije que no podía ver para nada en dónde estaba la perfección.

Leí el libro y desde ahí comencé a practicar lo que enseña, comencé a unificar (meditar).  Con el paso del tiempo aprendí con este hermoso método que sentir es una parte esencial en el proceso de superar una depresión para sanar realmente de raíz. Normalmente nuestra cabeza quiere entender qué nos pasa y darle solución.  En mi experiencia para poder sanar de raíz algo, sucedió cuando acompañé mi proceso psicológico de un proceso espiritual. Meditar fue esencial, seguido de sentir lo que las situaciones me hicieran sentir, ya fuera tristeza, enojo o miedo y finalmente acompañarme meditando para llenar de amor incondicional esos espacios que había vaciado. 

 

Con el paso del tiempo me di cuenta que todas las depresiones que viví iniciaron de alguna forma porque yo buscaba el amor en el exterior. Quería que mis parejas fueran la fuente de amor que yo siempre había querido. Veo que eso nos sucede a muchas mujeres, buscamos amor afuera de nosotras sin saber que el amor incondicional que realmente nos hará felices se encuentra en nuestro interior.

Hoy puedo ver que el chiste es darnos a nosotras mismas eso que queremos que nos dé el otro para que el día que alguien comparta la vida contigo sea eso compartir tu alegría, tu felicidad, en lugar de ser la fuente de tu felicidad la cual si no está obvio nos tira en una gran depresión.

Bere Corral

contacto@mujeresimportantisimas.com