La sexualidad es, o debería ser, una fuente de placer para el ser humano, abarca no sólo el aspecto genital, también incluye otros puntos: lo que nos gusta y nos da placer y lo que no, la forma en que nos relacionamos con otros, la comunicación, el cuerpo, la mente, e incluso el espíritu.

Desde que nacemos de acuerdo a nuestros genitales se nos asigna a un grupo, el de hombres o el de mujeres y de esto se derivan expectativas de vida según la educación, y la época incluyendo el cómo vivir la sexualidad. Conforme vamos creciendo vamos por la vida tratando de hacer ajustes entre nuestros deseos y lo que la cultura nombra “lo normal”.  Cada quien percibe la sexualidad de acuerdo a estos ajustes y a toda esta herencia de conceptos, costumbres y tradiciones.

No hay una realidad absoluta ni en la sexualidad ni en la vida en general, cada uno creamos nuestra propia realidad de acuerdo a quienes somos, a las experiencias que tenemos, a lo que esperamos y en general a nuestra propia historia.

Hay eventos, momentos, épocas en nuestra vida que parecen hacer una línea divisoria entre el antes y el después de esa experiencia, ya sea que haya sido un solo momento o que haya durado más tiempo nos dejó una huella imborrable que cambia nuestra forma de pensar acerca de nuestra realidad, cuando dichos eventos fueron de  impacto negativo, en ocasiones nos colocan en una situación pasiva en la que nos sentimos incapaces de modificar lo que nos sucede y lo que sentimos, contándonos la historia a nosotros mismos de que no tenemos herramientas, recursos, habilidades y conocimientos para salir de ese estado.

Psiquiátricamente la depresión es un síntoma que se caracteriza por un tono afectivo de tristeza acompañado de sentimientos de desamparo y amor propio reducido.

En las depresiones leves la persona trata de aliviar el sufrimiento pidiendo ayuda o buscando lo que haya perdido, pero posteriormente renuncia y siente que las cosas nunca mejorarán.

La persona deprimida percibe que su seguridad está amenazada y que es incapaz de enfrentarse a sus problemas, pierde interés por la vida, sus apetitos se reducen y pasa por la alimentación, el sexo, el juego etc… con muy poco entusiasmo y conforme se agrava acaba sintiendo indiferencia por aquello que anteriormente había constituido sus ocasiones principales de placer. Cuando se presentan todos o algunos de éstos síntomas se clasifican como patológicos e inmediatamente se establece el objetivo de volver a la “normalidad”.

Aunque la terapia médica considera que el sufrimiento mental, entre ellos la depresión, deriva de alteraciones bioquímicas cerebrales y en consecuencia para eliminarlo se hace necesario tratarla con fármacos, es importante señalar que desde otro punto de vista, en la depresión y las disfunciones sexuales entre otras fuentes de sufrimiento, se encuentran causas psicológicas, más que una situación física desfavorable. De cualquier manera es necesario asegurar que la persona se encuentra en buenas condiciones de salud para descartar el origen físico o fisiológico de éstas situaciones.

Desde la perspectiva psicológica constructivista que establece que la realidad se construye, no existe una definición de salud y enfermedad o de normal o patológico (Nardone,G.), se considera que si existe sufrimiento para la persona, éste merece ser curado o cambiado y existe la confianza en que tiene los recursos para dichos cambios.  De ésta forma la terapia consistirá en ampliar esos recursos que durante la visión gris de la vida que tiene el paciente con depresión, no logra percibir.  Su poca iniciativa o espontaneidad, las reacciones lentas, las dolencias físicas como fatiga, dolores de cabeza, estreñimiento, problemas digestivos lo harán aislarse por su temor al rechazo, aunque en el fondo desee estar cerca, lo cual tendrá una gran influencia en su líbido y desempeño sexual. (MacKinnon R. 1971 )

En los estados depresivos tempranos pueda darse un aumento de actividad buscando distraerse de este sentimiento que lastima, pero no es cuestión de querer o no, de desear o no, hay algo más allá derivado de ese evento o situación que hizo un cambio en cómo ve su realidad.

La buena noticia es que con un trabajo personal se podrá hacer las modificaciones necesarias para ahora autopercibirse como capaz de recuperar la vida sexual con los recursos físicos y psicológicos que en otro momento lo caracterizaron.

Es importante que al enfrentarnos con disfunciones sexuales como falta de deseo, dificultades para conseguir o mantener la erección, ausencia o disminución de lubricación vaginal, eyaculación precoz, dolor durante las relaciones sexuales o dificultades de alcanzar el orgasmo entre otras, sin vergüenza acudamos a profesionales de la sexualidad que estén capacitados para hacer un diagnóstico integral tanto de la parte médica como la parte psicológica y de ésta forma abordar y resolver dicha disfunción para elevar la calidad de nuestra vida y recuperar esa fuente de motivación y placer natural que es la sexualidad.

María Elena Balsa. Licenciada en psicología por la Universidad Iberoamericana, Maestría en psicoterapia Gestalt, diplomados en Sexualidad, erotismo e Intervención Sexológica. Tallerista y conferencista

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BIBLIOGRAFIA

Nardone,G. y Rampin, M. (1971)  La mente contra la naturaleza. Ed. Integral

MacKinnon, R. y  Michels R. (1973). Psiquiatría Clínica Aplicada. México: Interamericana.