Nadie me conoce mejor por dentro y nadie me ha impulsado a ser la mejor versión de mí misma como mi hijo.

 

Ser mamá es el regalo más grande que he tenido en la vida, porque algo tenía yo clarísimo en la vida era que Yo quería ser mamá. Sin duda fue el juego que más jugué y siempre pensé que sería mamá de un niño.  Su llegada a mi vida le dio un vuelco de 180 grados porque él despertó en mí, unas facetas que de plano ni en sueños pensé que podría hacer.  Yo soy de las mamás que gustosamente cambió los tacones y el fashionismo por unas botas de lluvia para ir a brincar charcos de lodo en el parque, o unos tenis para jugar a las escondidillas y ocasionalmente también cambié el manicure para ir de camping y ensuciarme las uñas de tierra.

 

Sin embargo, ser mamá y más como en mi caso ser mamá soltera, tiene un reto enorme: Ser la mejor versión de mamá que puedas ser, balanceando tu vida sin olvidarte de ti misma.

 

Creo que a todas nos pasa, tener un hij@ te cambia tanto la vida que para algunas tu vida se vuelve tu hij@.  No conozco a mujer que por más que diga que no subirá fotos de su hijo a su face o a su teléfono, no acabe poniendo la foto del pequeño en su perfil de whats y hasta de redes sociales. Porque lo que se siente por ellos es uff indescriptible y conforme crecen si no nos damos cuenta van tomando más y más de nuestro tiempo y nuestro espacio.

 

Pero entonces ¿cómo ser una mamá balanceada y sobrevivir en el intento?

 

Para mí el balance y bienestar interior lo he logrado y lo sigo trabajando día a día a través de mi proceso espiritual y crecimiento interior y mi hijo ha sido una parte súper importante éste.

Y como para muchas otras cosas, ese clavado interior que me eché también me ayudó muchísimo a vivir mi maternidad más balanceada y felizmente y también aprecio muchísimo que el cambio no solo me benefició a mi sino a mi hijo también.

 

Hoy te comparto cinco tip´s que te ayudarán a ser una mamá más feliz.

 

  • Si eres de esas mamás que se infla como pavorreal porque te felicitan por ser una súper mamá…. ¡Cuidado!!!!

A mí la verdad, me encantaba que las personas me dijeran que mi hijo era súper educado, que hablaba súper bien para su corta edad, que tenía una súper motricidad, etcétera etcétera.  Parecía que los aplausos eran para mi hijo.  Lo cierto es que yo no me daba cuenta, pero también sentía que los aplausos eran para mí. Por lo buena mamá que yo era, me estaba calificando internamente y recibir esos halagos era como recibir la palomita de la que califica por dentro, tipo de mi mamá o de la maestra de la escuela.  Claro que llenaba mi ego, estaba feliz.  Era una forma de recibir aprobación, como si realmente necesitáramos que alguien nos diga “lo estás haciendo bien” y pues sí, algunas personas sí necesitamos escucharlo. Bueno eso me pasaba a mí y en mi proceso de descubrimiento interior, darme cuenta de que me pasaba esto, fue maravilloso porque pude ver ese lugar en donde yo le echaba mil ganas a ser mamá e internamente yo misma era ese gran juez.  Si a ti te resuena esto que te estoy compartiendo, te pido que por favor pares y te digas a ti misma…LO ESTAS HACIENDO BIEN.  Los hijos no vienen con un manual y si te preocupa un poco el cómo lo estás haciendo seguro, lo estás haciendo bien y lo que necesitas, es ser amorosa contigo y darte de cuando en cuando un abrazo en el que tu mano alcance tu espalda y te repitas “Lo estás haciendo bien”

 

  • Poner límites, creo que este es uno de los temas más hablados por todos los psicólogos, terapeutas, maestras y especialistas de niños. Y en esto de poner límites yo juraba que lo estaba haciendo muy bien.  Por común que pareciera a mí me costó mucho trabajo sobre todo cuando mi hijo tenía tres años. Yo le ponía límites y en ocasiones parecía que lo que yo decía le entraba por un oído y le salía por el otro, no importaba con qué firmeza se lo dijera. Por otro lado, me molestaba horrible que me dijeran que no le ponía límites porque claro que se los ponía; sin embargo, hubo un día en que después de castigarle unos globos que le había traído (bueno en realidad poncharlos porque estaba muy enojada jajajaja) recibí la lección más grande que pude recibir al respecto de cómo poner límites.  Obvio yo me sentía súper mal como la bruja del cuento por lo que hice y platicando con un amigo que practica el mismo sistema de meditación que yo me dijo que el tema no era que no estuviera poniendo límites a mi hijo; sino desde qué lugar interno se los estaba poniendo.  Ese día me di cuenta que muchas veces yo ponía límites desde un lugar de miedo, de autocrítica, de duda (pensando si lo estaré haciendo bien o no), desde un lugar en el que me preocupaba por ser muy dura con mi hijo o muy estricta como lo habían sido conmigo.  El gran regalo de mi amigo fue hacerme ver que no importa lo que le dices a tu hijo sino la energía con la que se lo dices. Porque los niños pareciera que te leen la energía. Ese día me di cuenta que si yo estaba anclada en mi corazón, en un espacio de paz interior, podía decirle en paz y con firmeza lo mismo que había que hubiera dicho en otro momento gritando.  Al otro día entré a la habitación y mi hijo seguía con la misma actitud, de hecho, me volteo a ver con una ceja levantada enseñándome un globo que había quedado y me dijo “mira si me queda otro globo” (supera retador el chiquillo). En ese momento tranquila y segura de mi misma tomé el globo y pum lo ponché. Los ojos de mi hijo que de por si son enormes, parecían desbordarse.  Hablé con él sobre algo que contaré más ampliamente en el punto tres.  Lo importante es que para nada sentí remordimiento y mágicamente entendí que claro que lo que había yo hecho fue impactante y más para un niño de tres años; sin embargo, cuando lo haces desde un lugar de seguridad, firmeza y amor, los niños agradecen los límites.  Hoy en día recuerdo ese día y me muero de risa porque mi miedo de traumarlo solo existió en mi cabeza, y no tuve necesidad de repetir algo similar porque aprendí a hablar desde mi corazón.

 

  • Hacerlos responsables de sus actos: La anécdota de los globos ponchados me trajo otras enseñanzas, hoy me río, pero aquel día lloraba jajajaja. Nuestros hijos, así como nosotros los adultos tienen el don más grande que Dios, el Universo, la vida (como le quieras llamar) nos pudo dar: El libre AlbedrioSi tú eliges una cosa, entonces estás eligiendo las consecuencias de tu elección también.  Lo que hablé con mi hijo en aquel momento fue justamente esto y a partir de ese momento yo lo aplico siempre. Por ejemplo, si está haciendo un rompecabezas y de pronto dice mamá es que quiero ver la tele y no quiere guardar su juego, las cosas son tan fáciles como: uno debes guardar tu juego y luego puedes ver la tele. Obvio los niños nos prueban y cuando me dice que no quiere, lo llevo a reflexionar, quién lo sacó –tú o yo-.  Yo mamá. Ok. Y quién jugó con él, -tú o yo-. Yo mamá. Y cuando yo me maquillo quién guarda el maquillaje. – Tú o yo – y por supuesto que me contesta Tú mamá.  Con razonamientos tan simples como este, podemos lograr que nuestros hijos se den cuenta poco a poco a pesar de su corta edad que una elección siempre tiene una consecuencia. Aplicar las consecuencias después de haber puesto un límite desde un lugar amoroso a tu hijo, es el mejor regalo que puedes dar.

 

Y ¿porqué digo que desde un lugar amoroso?  Bueno porque no se vale hablarle a un niño ni a nadie con una carga emocional que en realidad es responsabilidad tuya; sin embargo, de eso te hablaré muy pronto en otro artículo.

 

  • Déjalo sentir y expresar sus emociones y permítete sentir las tuyas, parecería que en nuestros días esto es de lo más común. Se habla de los derechos de los niños y mil cosas más, pero aún tenemos muchas cosas muy arraigadas que no nos permiten fluir para sentir nuestras emociones. Este tema podría ser un artículo en su mismo, sin embargo, por ahora te dejo esta breve reflexión, las emociones son naturales y hay que sentirlas.  Muchas veces un niño se cae y corremos a decirle “Ya mi amor, no pasó nada, ándale no llores” ¿No pasó nada? ¿en serio? ¡Si paso! El niño se cayó, quien sabe si se espantó o se lastimó.  Es súper violento reprimir tus emociones y las de tus hijos.  Así que, por favor, permítele sentir lo que las situaciones le hacen sentir y enséñale con tu ejemplo que está bien sentir y ahora si pa´rriba (para arriba) que la vida sigue adelante.

 

  • Finalmente, el tip que más me puede encantar: Ve a tu hijo como el creador que Es y no como víctima. ¡¿Las mamás tenemos una tendencia fenomenal y las abuelitas… bueno ni se diga… tendemos a pensar frecuentemente y ante muchas cosas “¡¿Ay pobrecito mi chiquito o mi niña” ¡¿Pobrecito?!?!?!?! ¿En serio?????  ¡No claro que no!

Por favor para, tu hijo tiene una capacidad inmensa de creación y al verlo como víctima solo lo condenarás al fracaso y a ti al remordimiento.  Al liberar a tu hijo de esa carga y aceptar que él tiene su propia experiencia humana de la cual aprenderá podrás ayudarlo a que se dé cuenta que en la vida no hay errores, hay aprendizajes.  Aprenderá que él o ella tienen la capacidad desde su corta edad, desde su adolescencia o desde su adultez de tener esa experiencia o de crear aquello y de hacerse responsables.  Sin culpar al mundo de sus tragedias sino responsabilizándose de su vida y de lo que hagan con ella. Con esto no solo le estarás dando un gran regalo a tu hijo sino a ti misma, el cual te aseguro te hará más feliz.

 

Esta semana que festejamos a las mamás, me auto festejo y le agradezco a la vida por este pequeño gran maestro que la Vida me dio, quién me impulsa a ser cada día una mejor mamá y un mejor ser humano.

Y tú ¿eres la mujer que quisieras que tus hijos tuvieran como compañera en la vida? ¿O la mujer que quisieras que tus hijas fueran? Ellos aprenden el 30% de lo que les decimos y el 70% de lo que hacemos. Recuerda que lo que más feliz te hará a ti y a ellos es el amor, así que comienza por ser contigo misma una mujer amorosa, y feliz.

 

Feliz día de las madres.

Bere Corral.

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