Estamos programados desde pequeños con creencias de lo que deberíamos ser o lo que deberíamos tener para ser felices. 

Cuando vamos creciendo y no cumplimos con estas expectativas heredadas nos vamos sintiendo frustrados, enojados y basando nuestro valor y el de otras personas conforme a esas “reglas” comunes que alguien más decidió y adoptamos como nuestras.

Por vivir intentando meternos y a los demás en un molde, nos convertimos en víctimas de la vida o victimarios de quienes se permiten ser libres.

La llave de las puertas de la tranquilidad están en el perdón a nosotros mismos.

A qué me refiero con esto:

Hay que empezar por vernos, lo que hemos vivido, reconocer lo que somos y perdonarnos por las exigencias que nos hemos impuesto a partir de la perspectiva y expectativa ajena.

La única persona con la que naces y te acompaña durante la vida eres tú. Vienes a caminar tu propio camino y a tener la libertad de ser, de estar y de disfrutar desde tú propia verdad…

Comienza por verte a los ojos y reconocer el gran ser que eres, todo lo que tuvo que pasar para que existieras en este preciso momento es maravilloso y no hay acto alguno o forma que hayas decidido tomar que te haga menos.

Todo lo que has hecho ha sido lo mejor que has podido. Nadie nos habla, juzga ni lastima peor que nosotros mismos.

Somos seres perfectos, todos haciendo lo mejor que podemos desde lo que sabemos.

Ofrece una disculpa desde el niño que lastimaste hasta el adulto que eres ahora. Ámate y abraza lo que eres, único y especial, porque nunca nadie como tú va a pisar esta Tierra de nuevo. Admírate por lo que has pasado y lo que has logrado, agradécete y perdónate por lo que te has maltratado…

En cuanto a los demás, cuando nos enganchamos en corajes por algo que otro hizo, solamente seguimos lastimándonos, dicen que es como tomar veneno y esperar que el otro muera.

Al reconocer que tienes luces y sombras, puedes reconocerlas y honrarlas en los demás. Cada quien actúa desde lo que sabe y no hace nada por lastimar al otro.

No podemos tomar nada personal porque cada quien hace las cosas por sentirse mejor, por tratar de llenar un vacío, una herida que tampoco ha sabido cómo sanar.

Nadie le hace nada a nadie. Las personas solamente “hacen” desde donde pueden con lo mejor que tienen para intentar sentirse bien.

Todos estamos tratando de sobrevivir en un mundo que pone los valores y las formas “ideales” y nos hace luchar por alcanzar lo inalcanzable.

No hay nada que perdonar, simplemente tener compasión y entender que estamos heridos y cualquier cosa que hacemos es por tratar de sentirnos mejor.

Más que hablar de perdonar, hay que vernos en el otro. La mirada que buscamos tener es la EMPATÍA, la COMPASIÓN de un ser humano a otro que está intentando pasar por la vida cubriendo el dolor y buscando amor.

Porque al final del día lo único que tenemos todos es la necesidad de amar y ser amados.

Y desde ahí, ser libres de ser lo que cada quien somos, como cada quien somos, sin juicio, para contenernos unos a otros en amor…

Lourdes Domínguez

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