Dicen por ahí que si quieres conocer a Andrés vivas con él un mes… yo conocí la frialdad de mi ex marido “Andrés” en un mes, y no logré salir de ahí sino hasta 10 años después.

Conocí a “Andrés” desde chiquita, sus papás y mis papás eran amigos de toda la vida, siempre decían que su sueño era que nos casaramos para ser una gran familia. Tuve una educación católica muy tradicional en la cual mi virginidad parecía ser mi valor más grande para encontrar un buen marido. “Andrés” creció con el mismo tipo de educación, nos hicimos novios en la prepa.

Ya empezando la universidad mis amigas empezaban a contarme que ya se “fajaban” con sus novios, “Andrés” y yo no pasábamos de los besos de piquitos, claro que yo me sentía muy orgullosa de que así fuera, no quería ser una facilota como mis amigas, me estaba guardando para el matrimonio y “Andrés” me apoyaba, nuestro contacto físico era mínimo.

Ante los demás éramos la pareja perfecta, nivel socioeconómico similar, educación similar, familias afines, yo niña bien y el buen partido.

“Andrés” me pidió matrimonio, acepté. Tuvimos una boda hermosa. Yo estaba muy emocionada y nerviosa por la noche de bodas, mi mamá me regaló un par de negligés divinos que compró en Europa.

Llegué a mi noche de bodas virgen, inexperta y desinformada. Me metí al baño, me arreglé, nuestra suite matrimonial estaba decorada divina, con champagne, rosas, velas. Salí del baño, “Andrés” me abrazó y me dijo que lo mejor era que durmieramos, que estaba cansado por la boda y al día siguiente teníamos que viajar.

La luna de miel la viví entre negligés divinos y más excusas de cansancio, jet lag, indigestión, mareo, regresé igual de virgen que cuando me fuí.

No le conté esto a nadie, tuve siempre mi mejor sonrisa de mujer felizmente casada, para eso me educaron. Pasaron los meses “Andrés” no intentaba acercarse, me animé a intentarlo una noche . Se puso como loco, me rechazó argumentando que esa no era la clase de esposa que quería que éramos un buen matrimonio católico y que nos habían educado para tener relaciones sólo para tener hijos. Me sentí culpable.

Así pasó un año, hasta que me dijo que ya era tiempo de embarazarme, que checara bien mis fechas de ovulación,   por fin iba a tener mi noche de bodas. El día llegó, tuvimos relaciones, no puedo decir que hicimos el amor por que fué más bien un acto frío con el único objetivo de procrear. Estaba muy confundida, frustrada, no sabía qué hacer… esos sentimientos desaparecieron cuando me enteré que estaba embarazada.

Después del embarazo siguieron las excusas, por la cuarentena, por el niño… después empezaron las culpas, no se le antojaba por que olía a leche, porque estaba gorda, porque no me arreglaba… me deprimí y así pasaron dos años hasta que repetimos el acto un par de veces más para quedar embarazada de mi segundo hijo.

Hacia afuera seguíamos siendo la pareja perfecta, yo por dentro me sentía desolada, con mi autoestima por los suelos, deprimida, sin salida… ¿Cómo me iba a divorciar? ¿De qué iba a vivir? Pensaba que la vida sexual de mis amigas con sus maridos era inventada, como la mía.  Estaba resignada a vivir mi vida así, al final del día fuera del sexo tenía una buena vida con ciertos lujos y no todos los matrimonios son perfectos.

Un día me llamó una amiga llorando, fuimos a tomar un café, me contó que estaba preocupada porque no tenía relaciones con su esposo desde hace seis meses y creía que le estaban pintando el cuerno, no pude más y le conté lo que me estaba pasando.

Su cara de horror me reflejó el horror que yo estaba viviendo.

No puedes seguir así, me dijo, eso no es normal, intenta ir a terapia de pareja. La sola idea de proponérselo a mi marido me daba terror. Pasó un año más y decidí ir a terapia yo sola.

Fue muy duro, encontré en mi historia muchas cosas que no me gustaron, entendí que estaba siendo víctima de violencia familiar, no sólo por el abuso psicológico, no recibir afecto de tu pareja también es violencia. Un par de años después me fuí de mi casa. Empecé a conocer a mujeres con mi misma historia y ese acompañamiento ha sido lo mejor que me ha pasado, he logrado entender que no hay nada malo en mi, que merezco ser amada y deseada, he trabajado mucho en reconstruir mi autoestima, salir de la depresión y valorar mis necesidades.

Escribo este testimonio para aquellas que viven lo mismo en silencio, que creen que están solas, que sólo les pasa a ellas, que es normal, que no tienen salida y deseo de corazón que mi historia les ayude a reflexionar y buscar ayuda.

Sofía

Si estás en una situación similar podemos ayudarte, contáctanos.

contacto@mujeresimportantisimas.com