El miedo puede que haya sido una de las emociones con las cuales crecimos, quizás nuestros padres en el intento de protegernos nos la infundieron con la mejor intención de que supiéramos medir los riesgos y así tomar las mejores decisiones.

Eso nos dejó la tarea de saber utilizar esta arma de doble filo… Porque si bien pienso que el miedo puede ser para muchas situaciones ese factor que nos impulse a avanzar, también puede ser lo que nos haga permanecer estáticos y en una zona de confort.

Una persona a la cual admiro mucho me dijo un día que al miedo controlado se le llama emoción, y al que no podemos controlar lo llamamos temor.

Y es así como vivimos la vida; esa incertidumbre a la cual nos enfrentamos todos los días, la emoción de estar en el punto de partida y no saber que te esperará durante el camino y si es que llegaras a la meta. Pero irla transitando sabiendo que es eso lo que quieres hacer y que es también hacia donde te quieres dirigir, hace que valga la pena.

Porque para mi muchas veces este ha sido el factor que me ha impulsado a hacer cosas de las cuales no me creía capaz, quizás me ha ayudado a sacar lo mejor de mí para poder alcanzar mis objetivos, aún sin tener la certeza de que lo fuera a lograr, y ese mismo miedo es el que me ha ayudado a terminar, el saber que quizás fracase, el saber que si no me esfuerzo lo suficiente el hecho venga acompañado de una emoción negativa.

 

Al final el temor está presente dentro de nosotros en toda situación. Y depende a que dirección decidamos llevarlo, porque el miedo también es eso que se siente ante las cosas que valen la pena.

Y por ello deseo que el miedo te haga perseguir retos cada vez más grandes, entender que no hay mayor falla en la vida que no atreverse a hacer las cosas. Que al pasar el tiempo te reirás de lo que te daba miedo antes, y que sepas que si no practicas venciéndolos todos los días con el tiempo estos se harán más reales, más profundos y más difíciles de vencer.

Hoy me queda claro que no habrá decepción más grande que no atreverse a intentarlo, no cuando hayas visto que los demás se atrevieron, que los demás lo lograron, que pudiste haberlo hecho también tú.

Y esto quizás a la vez te dará el valor para intentar las cosas, para seguir creciendo.

Sofia Quin

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