Las dos veces que viví en el extranjero estaba soltera, antes lo odiaba realmente porque pensaba que necesitaba una pareja para ser feliz y me costaba muchísimo trabajo estar “sola”; sin embargo, veo que al final la segunda vez que estuve fuera de mi país aprendí a vivir desde otro lugar.

 

Mi primera experiencia de vivir en el extranjero fue en Madrid. Increíble muy divertido porque me mandaron por trabajo y es una ciudad divertidísima, aunque extrañaba muchísimo a mis amigas con quienes salía a bailar de jueves a sábado por lo menos.

Era lo máximo, recibía mi sueldo normal más los viáticos y no tenía prácticamente ningún gasto tipo de comida, transporte etc. Cualquiera hubiera pensado que ahorré mucho pero no, menciono esto porque hoy me hoy me doy cuenta no era consciente y solía cubrir muchos vacíos interiores sobre todo los de falta de pareja comprando todo y más. En mis momentos de descanso salía corriendo a las tiendas a ver qué novedad me podía encontrar.  En ese momento no lo podía ver, pero no podía estar sola sin comprar.

 

La segunda experiencia fue cuando me fui a vivir a Uruguay.  Ahí fue muy diferente no solo porque estuve en un centro de retiro donde voluntariamente decidí estar, meditando y teniendo un encuentro muy profundo conmigo misma sino porque ese lugar está situado a una hora de Montevideo y no hay prácticamente ninguna tienda cercana para hacer compras fashionistas.  Con el paso del tiempo, y con aprender a estar conmigo y aprender a amarme, la necesidad de comprar ya había pasado incluso antes de irme a esta experiencia; sin embargo, fue increíble poderme conocer más. Poder ver esos patrones de comportamiento que tenía mi personalidad y sobre todo poder llenarlos con algo muy diferente, mi propia compañía.

 

Otra cosa increíble que descubrí en Uruguay es que no solo cuando vivía fuera de México sino incluso en los viajes yo solía tener una sensación de vacío interno. Dejar mi casa me hacía sentir un hueco.  Con el paso de los días a medida que al meditar me fui vaciando de las emociones negativas y experiencias dolorosas y me fui llenando de amor, me di cuenta que ese vacío desapareció.

Darme a mí misma lo que buscaba en el exterior, en parejas, en compras, en la fiesta o incluso en mi casa; me hizo ver que mi casa realmente viene conmigo a donde yo vaya.

Porque ahora no importa el lugar físico en donde viva porque en realidad lo vivo desde mi corazón, ahí es mi casa.  Aprendí que, al vivir en el momento presente, puedo apreciar y disfrutar todo lo que tengo sin añorar lo que fue o lo que quisiera en el futuro.

Sin duda la mejor lección de mi vida.  Si quieres aprender a vivir así, yo te digo cómo. Escríbenos, me encanta escucharte.

 

Un abrazo enorme.

Con cariño

Bere

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