Muchas de nosotras hemos recibido desde chiquitas la creencia de que siempre debemos estar dispuestas a ayudar al otro, sin duda creo que ponernos al servicio de los demás es una labor muy loable, el tema se complica cuando tratamos de solucionarle sus problemas a medio mundo.

Tampoco se trata de no ayudar y de vivir tu vida de manera egoísta, pero ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de tiempo y energía que dedicas a los problemas de los demás?

Desde la amiga de la chamba que llega a contarte que otra vez se quedó sin gas, tus hijos que no saben dónde están sus calcetines o reprobaron un examen, el amigo que siempre tiene rollos con sus parejas sentimentales y hasta alguien que ni conoces que llega a soltarte sus problemas.

¿No tienes suficiente en las manos con tus propios problemas?

Incluso si no tienes problemas, intentar solucionar los de los demás te dejan sin energía para disfrutar tu vida libre de problemas.

Puede ser muy agotador convertirte en la persona que siempre ayuda, pero si no ayudamos nos entra la culpa o el miedo a que no nos quieran por no ayudar a otros.

A veces la mejor manera de ayudar es no ayudar.

Los problemas son oportunidades que la vida nos presenta para aprender, si les intentamos solucionar sus problemas a los demás, les quitamos esa oportunidad, y lo que es peor, les mandamos el mensaje de que ellos no pueden y nosotras sí. Lo cual por cierto es muy poco amoroso.

Todos nacimos con la capacidad de solucionar nuestros problemas. Todos.

Y esa capacidad nos hace ser más dignos y más grandes, no tenemos el derecho de quitarle esa dignidad ni grandeza a nadie. Desde esta postura todos ganamos, tu ganas paz mental, tiempo para enfocarte en tus problemas y tu persona (lo cual per se ya es una gran ayuda para todos); los demás ganan aprendizaje y crecimiento.

Hay maneras de ayudar a los demás que no requieren que te pongas a buscar plomeros en google, calcetines debajo de las camas y novias cada vez que tu amigo termina con otra. Te las voy a contar:

  • Escuchar empáticamente.- Muchas veces piensas que los demás vienen a contarte sus problemas para que los soluciones, la verdad es que no es así. La mayoría de las veces lo único que necesitamos es vaciar nuestro contenedor emocional y expresar cómo nos sentimos. Frases como “Ufff me imagino que debe ser difícil para ti”, “Entiendo cómo te estas sintiendo” son más que suficientes para darle algo al otro sin inmiscuirte en sus problemas.
  • Permítele a los demás aprender.- En lugar de soltarte con un montón de soluciones posibles y resolverles la vida pregúntales ¿Qué crees que puedas hacer? Cuando andamos tan metidos en un problema generalmente nos atoramos en el problema en sí y no vemos soluciones, darle al otro un espacio para pensar en soluciones es un gran regalo que puedes darle.

Venimos a este mundo a crecer juntos, a acompañarnos y a experimentar nuestra experiencia personal. Antes de ayudar a alguien a resolver sus problemas enfócate en solucionar los tuyos si los tienes, no es egoísta ponerte a ti misma en primer lugar.

Atrévete.

mayda@mujeresimportantisimas.com