Seguramente más de una ocasión te ha pasado que sientes un dolor y desconoces la causa, te sientes enferma y cansada o el estómago anda como globo y todo sin que esté relacionado a alguna causa en particular.

Pues aquí es donde la mente, las emociones y el cuerpo están relacionados, formando un sistema o de equilibrio o desequilibrio si alguno de estos pilares está flaqueando.

Simplemente velo así las  emociones positivas, como la alegría y el amor, ayudan  a mantenernos sanos; pero las negativas, como el miedo y la tristeza,  fomentan que enfermemos y nos sintamos decaídas e incluso deprimidas.  Aunque no  todas las emociones negativas son malas, ya que son parte de sistema que busca mantener el equilibrio, que pueden ayudar a dar respuesta a una situación determinada y a adaptarse. Por ejemplo, ante el peligro, el miedo te ayuda a salir  y evitar sufrir algún daño, digamos cono una señal de alerta.

El problema viene cuando la experiencia emocional negativa es de larga duración y alta intensidad ya que  pierde su valor adaptativo y se convierte en una emoción patológica que podría inducir o acompañar a trastornos relacionados con la salud mental o alteraciones.

Así que es importante ayudarnos a través de las emociones positivas a sanar.

“Algunos estudios relacionan la presencia de las emociones agradables o positivas con la salud, e incluso con la longevidad, y apuntan a que también tienen un efecto neutralizador de la influencia física de las emociones negativas,  mejorando la respuesta vascular, neuroendocrina o inmunológica” y  éstas son algunas de las razones:

Las buenas sensaciones van acompañadas de reacciones sobre los sistemas inmunológico y neuroendocrino y optimizan los procesos biológicos de recuperación, generando mayor bienestar, ayudando a que aparezcan cambios sobre la respuesta a la enfermedad y también mejorando los hábitos de autocuidado. Incrementan las capacidades creativas, mejoran la productividad y la solución de los problemas.

Con un humor mejorado y una capacidad positiva para pensar, la persona está más dispuesta a mantener relaciones sociales saludables, compartiendo tiempo, espacio, conversación y afecto.

Simplemente haz un sencillo experimento, pon un germinado en un frasco, cuídalo con amor y aliméntalo, cuando empiece a crecer sigue cuidándolo pero no lo aprecies, es decir, háblale de forma negativa y veraz cómo a pesar de tener su alimento se llega a morir.

Así que usa tus emociones para sanar y en el próximo artículo te compartiré algunos tips para que los complementes con alimentos sanadores

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