Hace poco tuve la fortuna de ir a Japón, era mi primera vez en ese país, todos mis amigos me decían que sería algo sorprendente y no es que en sí el país no lo sea, tienen una cultura basta, la comida es deliciosa, la gente es muy respetuosa y amable pero lo que más me sorprendió fue un templo que tenía todas las circunstancias para no ser visitado, está en Kyoto, en una parte muy lejana y cero turística, por fuera la verdad es un templo muy muy viejo y pareciera que hasta cierto punto común.

En realidad no es un templo muy conocido pero por azares del destino insistí en ir porque “algo” me decía que tenía que visitarlo.

 

Para entrar, mi amiga (mi compañera en este viaje y con la que me divierto a lo grande) y yo tuvimos que seguir una serie de instrucciones que consistían en retirarnos los zapatos, no podíamos sacar fotos, el celular debía estar apagado y sobretodo prohibidísimo hablar (después entendí por qué), en realidad el templo es en sí muy oscuro pero la energía es muy diferente al resto de los templos japoneses.

 

En fin, una vez que entras existe un largo pasillo (que de hecho es el templo con el pabellón más extenso en Japón) lleno de mil estatuas de madera bañadas en oro que les llaman Kannon, enfrente de las mismas hay varias deidades que son una fusión entre la cultura hindú y la japonesa, ver esa majestuosidad te deja sin palabras, es impactante como el ser humano puede ser capaz de realizar cosas de esa dimensión que son casi divinas.

Conforme íbamos caminando y aprendiendo de lo que significaba este templo, descubrimos que era el único en Kyoto donde en determinada época vivieron los samuráis, a diferencia de los demás templos donde vivían budistas o como tal los palacios donde estaba la nobleza y el emperador. Todo esto me lleva a decirles que no se me ocurre mejor forma de hablar del término valentía si no es relacionándolo con los samuráis.

 

Lo primero en lo que pensamos cuando hablamos de samuráis es justamente valentía, honor, coraje, destreza en el arte de la guerra, como sabemos los samuráis eran aquellos grandes guerreros que protegían al emperador, es decir, la fuerza militar japonesa.

 

La muerte repentina de mi madre (muy reciente, más de lo que quisiera) me ha llevado a realizar una introspección y en parte por eso realice este viaje. Definitivamente el empaparme de esta cultura y sobretodo el acudir a este templo me ayudo a reflexionar y preguntarme ¿Qué hacemos nosotras por nosotras mismas?

Es decir, cuántas veces no hemos hecho algo que queremos por miedo, por el que dirán, porque no es lo “correcto”, porque no es común y lo que les puedo decir es que todas deberíamos de poner en práctica la valentía y fortaleza que tenían los samuráis, esa determinación de vivir con honor y dominando el miedo.

 

Para qué “vivir” una vida de la cual no tenemos el control por falta de valentía, por supuesto que ésta se presentará en situaciones difíciles y que nos mueven por completo pero todo el poder reside en nosotras mismas, finalmente ese aumento de sueldo que no quieres pedir por miedo a la reacción de tu jefe o el no poner límites a la gente que nos rodea por miedo a que se vayan, depende de ser valientes y dominar nuestros miedos. Les aseguro que todas absolutamente todas la tenemos, sólo falta creerlo para que la podamos alcanzar.

 

Finalmente les puedo decir que para mí la valentía es la determinación para realizar lo que queremos porque para nosotras es lo que necesitamos, independientemente del ámbito de aplicación. La vida es muy corta para que el miedo nos paralice y cierro con una frase que me encanta:

 

“No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo.” Nelson Mandela

 

Mucha luz

Aislinn

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