He estado en muchas situaciones, en las que tenemos que optar por tomar una decisión viendo lo que queremos alcanzar o viendo si es viable llegar a ese objetivo. La gran diferencia, me la enseño un pequeño de 4 años, que el fin de semana me dio una lección oculta a la que nos enfrentamos todos constantemente.

En una salida regular, como cualquier otra, se cayó corriendo con un ligero raspón en la rodilla. Lloró un poco, no quiso caminar por un tiempo y después, de vuelta a seguir en nuestra caminata. Pero a los pocos minutos, nuevamente se cayó mientras corría, esta vez no hubo una herida, pero si un nuevo golpe donde ya se había lastimado temprano, le dolió un poco, pero quiso seguir caminando y corriendo y divirtiéndose. Era lo único que quería.

Al llegar a casa y hablando de nuestro día, me comentó que se había caído 4 veces, le dolía un poco, pero la había pasado de maravilla, había disfrutado el día y solo recordaba lo que se había divertido.

¡Increíble!, llegó un momento en mi camino de vida, que dejé de ver mis objetivos y solo veía las dificultades, incluso, las tengo más presente que los objetivos que quiero alcanzar y en infinitas ocasiones no he alcanzado ese objetivo, por no querer enfrentarme a las posibles caídas del camino y ese día, me vi reflejado y haciendo comparaciones.

Seguramente, si no hubiésemos salido ese día, no se hubiese caído ninguna vez, pero tampoco, se hubiese divertido como lo hizo. En casos similares, quizás no hubiese conocido esa persona con quien visité las nubes, por miedo a que no funcionara, o no me hubiese atrevido a hablar con mi gerente de un posible cambio de posición, o conversar con esa persona importante del cliente más estratégico del trimestre. Puedo nombrar muchas, en las que la “valentía” resalta sobre todas las cosas.

O que tal si lo llevamos a un espacio mas personal, muchas veces, me come el miedo y asumo que mis responsabilidades no me permiten tomar decisiones tan ligeras, ya que existen personas que dependen de mí y cualquier caída podría afectar el futuro de ellos.

Pero también es cierto eso que dicen: si lo sueñas es porque lo puedes alcanzar. Entonces, el camino es más fácil. Solo falta tener la valentía de confiar en ti. Así como lo hacen esos que dependen de ti hoy, mañana y siempre.

Por eso vivo desde hace 7 años fuera de mi país.

 

Saludos,

Johann Romero

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