Pienso que somos una sociedad muy educada para con los demás, pero a veces somos muy poco educadas para nosotras mismas. Por supuesto que estoy de acuerdo en que debemos ser pacientes y desarrollar esta capacidad que activamente promuevo sin embargo me he dado cuenta que puedo ser súper paciente para otros, pero conmigo sinceramente  era poco paciente.

 

La paciencia es esperar de buen humor o con buena actitud a que suceda aquello que deseamos.

Es muy sencillo verlo por ejemplo en un niño de tres o cuatro años que quiere que se le da algo inmediatamente, no está dispuesto a esperar, se emberrincha y hace pataleta. Si lo consigue está feliz. Si no lo consigue después de un berrinche vuelve a jugar también feliz.  Qué importante es esta enseñanza y aprender de ellos, enseñar que debemos ser pacientes, pero ojo:

¿Qué tanto aprendiste la paciencia hacia ti misma o hacia que sucedan justo aquellas cosas que tanto queremos y mientras mantener una buena actitud?

 

Sinceramente lo malo no está en hacer una pataleta si algo no está funcionando, tal y como lo hacen los niños (ya les he hablado de que pienso que las emociones son naturales y hay que sentirlas sin reprimirlas incluso si eres adulta); lo malo está en qué sucede después de que sentimos eso. En el mejor de los casos te lo dejaste sentir, pero si te quedas molesta sin mostrarlo así­ vibras, así creas y así­ atraes. 

 

En la mayorí­a de los casos yo ni siquiera era consciente de que me frustraba, aparentaba estar bien, pero en el fondo estaba molesta y me quedaba así­, molesta y resentida esperando que mis deseos se cumplieran como por ejemplo tener un ascenso en mi trabajo, que llegara el hombre ideal a mi vida etcétera. Y conmigo solí­a ser menos paciente aún y mi impaciencia se convertía en exigencia. Así era yo cuando no era consciente y eso sí­, querí­a que toooodo me saliera bien y a la perfección. Y son incluso ejemplos bobos pero que me solí­an pasar en detalles cotidianos como por ejemplo al arreglarme para salir a trabajar, si por algo se me hací­a tarde ahí comenzaba mi impaciencia, me apuraba para estar lista pero justo esta sensación de apuro anula la paciencia, anula el estar en el momento presente y me sacaba literal de mi cuerpo.   Y cómo te explico lo que me pasaba cuando además de querer estar lista yo llegó mi bebe a mi vida y tenía que hacer el doble de cosas en el mismo periodo de tiempo.

Lo peor es que hacia afuera yo creía que era paciente pero en realidad me tragaba sensaciones horribles.

 

Trabajes o no, seas mamá o no, estoy segura que en el fondo te pasa así­ porque solemos ser poco pacientes con nosotros mismas, con nuestro cuerpo, nuestras finanzas, queremos que todo suceda ya.

 

Detente. Si, también para esto debes detenerte y ser gentil contigo misma. Cuando te descubras en este rush en este apuro de la vida PARA y RESPIRA, siente por un momento tu corazón. Si estás muy acelerada grita, salta un poquito, mueve tu energía y cierra por un minuto tus ojos para que te conectes contigo y con tu corazón. Así­ estarás dando el primer paso para ser paciente, amorosa y gentil contigo misma.

Quieres saber más sobre cómo vivir feliz en el momento presente independientemente de las circunstancias que te sucedan en la vida? Escríbeme a contacto@mujeresimportantisimas.com o déjame un comentario en el artículo y yo te diré cómo.

 

Un abrazote

Bere Corral