“Los hombres no lloran”, honestamente, no recuerdo que alguien cercano me lo dijera, pero si es una frase que tengo muy presente, seguramente la escuche en alguna parte. Lo que confirma que no solo aprendemos lo que nos enseñan en casa. No puedo asegurar que eso haya marcado mi infancia o mi crecimiento hasta ser adulto, pero si es cierto que soy de esas personas que les cuesta expresar sus emociones. Tanto de alegría, como tristeza, miedo, rabia.

Uno de mis grupos favoritos es “Collective Soul”, realmente un grupo poco común, pero tuve la oportunidad de verlos en vivo, mi alegría fue inmensa, pero recuerdo claramente que no manifesté nada que aliviara esa euforia, digamos que esa alegría la llevé por dentro, hasta el punto que hoy lo estoy expresando aquí en este párrafo. ¡Increíble!

Pero más allá que antes no era la mejor persona expresando mis emociones, existía un “tabú” sobre como “deberían” expresar los hombres las suyas, sobre todo: tristeza, rabia y miedo.

Hoy en día, tengo la inmensa fortuna de vivir con 3 #monstricos que han sido esa ventana a mi reflejo, no es un secreto que los niños son auténticos, naturales y son quienes tienen más claro como expresarse cuando algo les pasa.

Es muy fácil, son 3 personas diferentes que tienen 3 formas de expresar lo que sienten. Son pequeños (9 y 4 años), y me encuentro con extremos de lado y lado, pero son extremos que me han ayudado a entender las mías, celebrando con ellos, acompañándolos en su tristeza, saliendo de una incertidumbre, como apreciar el presente y parados desde una posición diferente al miedo. El clásico, “salta y yo te agarro”. ¡Increíble!

En mi experiencia, recuerdo en diciembre del año 2012, cuando nacieron los gemelos, sentí como cayó en mis hombros, espalda, cuello, cabeza el peso más grande que había vivido en mi vida, llamado “responsabilidad”.

No precisamente que no lo era, pero lo que entendía por esa palabra, ahora se tenía que escribir con mayúsculas #RESPONSABILIDAD. Claramente, no supe como expresarlo y esto fue generando un cuadro “alérgico” que empezaba todos los diciembres desde 2013, rápidamente encontré que era alergia estacional, sin embargo, en 3 de los últimos 4 años terminaba en el hospital internado con nebulizador y salía el 23 de diciembre a casa. Clínicamente, tenía todos los argumentos perfectos para entender el cuadro. Pero un año en particular, decidí no tomar medicinas y rendirme a esa “alergia”.

Con ejercicios de meditación (unificación), pude ver que esa “alergia” comenzó a raíz de una sensación de abandono por mi divorcio. El día a día se encarga de tapar estos espacios y distraer nuestra atención en nosotros mismos, pero cuando nos hacemos “conscientes” que también tenemos un corazón que no solo sirve para hacer su trabajo con la sangre, sino que es el principal responsable de tu “vida”, es cuando entiendes que:

Un dolor en el corazón, merece la misma atención que un dolor de cabeza, de cuello, de estómago.

Todas estas experiencias se proyectan de misma forma a nuestra vida actual, en los negocios, en las parejas, en las decisiones que tomamos, en las noticias que nos llegan y aunque siempre responderá de manera automática nuestro subconsciente, es bueno saber que ya no estamos solos y que tenemos herramientas que nos abre espacios de libertad para expresarnos y hacer de nuestra vida algo diferente.

Johann Romero

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