Existen momentos en nuestras vidas en la que recurrimos a esa “engañosa” estrategia de no querer asumir la responsabilidad de algo o no nos creemos con la capacidad de asumir un nuevo reto, usualmente, cuando nos recomiendan para cierta posición o nos asignan más responsabilidad de la que tenemos actualmente en nuestro trabajo.

En mi caso, recuerdo que recurría a este sabotaje con mucha frecuencia, me resultaba más fácil convencerme que alguien o varias personas estaban equivocadas, nadie puede conocerme mejor que yo mismo. Por eso, nadie podría tener un claro y acertado concepto de mis capacidades.

La diferencia comienza en el punto desde dónde te estás viendo y encontré que siempre que hacía eso, lo hacía desde una posición de vacío, de carencia, de lo que me faltaba según mi criterio, que, por estar parado en esa posición, siempre veía que me faltaba mucho y con eso era suficiente para dejar pasar esa y muchas oportunidades.

Hasta que comencé a hacerme preguntas que me llevaron a entender porqué quería estar en esa posición de víctima y encontré que era falta de confianza, aceptar que, en esa zona, era el dueño absoluto de todo y asumir las recomendaciones de otros implicaría nuevas responsabilidades y nuevos retos que me pondrían fuera de esa zona.

Encontré que el freno a la superación, la exploración, las nuevas experiencias, las nuevas aventuras está en uno mismo y comienzan al colocarnos en una posición de víctima en la que preferimos vernos con la cabeza, la mente y no con los ojos o con el corazón.

A la final, el único con la capacidad de orientarnos hacia el mejor camino a seguir es el corazón, como lo hace en los niños, cuando somos adultos ya tiene poca fuerza para convencernos, la mente ha hecho su trabajo por años.

Para obtener resultados diferentes, hay que hacer cosas diferentes. Y todo, absolutamente todo puede cambiar el primer día que decidimos actuar un poco más desde el corazón, que desde la mente.

Ciertamente, hay situaciones muy complejas que nos llevan a pensar, se me ocurre por ejemplo una frase que he escuchado mucho: “…no quiero seguir con mi pareja, pero no estoy segur@…”. Cuando llegamos a este punto, el corazón ya habló y fue muy claro, el resto, es la cabeza haciendo su trabajo, tratando de encontrar un lugar cómodo donde pueda estar tranquilamente sin tanto alboroto. Siempre existirán herramientas para trabajar la situación que se presente, pero si decides “tapar el sol con un dedo”, seguramente lo último que hagas será asumir que existe algo que trabajar y usualmente, habrá sido muy tarde.

Porque el tiempo sigue pasando en conjunto con la realidad. La fantasía, caerá en algún momento.

Johann Romero

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