Qué mejor maestro que la vida en sí, puede ser tan dura, clara o difícil de entender, pero siempre con el fin de enseñarnos algo. Cada una de las experiencias que vivimos deja una marca en nosotros, nos pueden hacer sentir los más fuertes o todo lo contrario incluso nos llenan de sentimientos que no conocíamos y que algunas veces ni siquiera controlamos.

Habrá momentos para nada placenteros pero dependerá de nosotros buscar la salida para aprender de ellos y seguir adelante sin voltear atrás.

Este año ha sido importante en construir más confianza en mí, en la capacidad del cuerpo para crear y sanar. Soltar apegos, ser más ligera para ubicar lo realmente importante y prioritario.

Recuerdo una grata experiencia que tuve en vacaciones de verano.  Un día de la estancia que tuvimos simplemente el sol no tuvo ganas de salir, pero no así la lluvia. Recuerdo escuchar a varios grupos diciendo que ya se había echado a perder el día, que venían por el sol.

Obviamente la playa estaba desértica, sólo la lluvia y parejas de personas mayores acompañaban el día. Terminamos de desayunar y mi esposo salió disparado al mar, claramente el vio el beneficio de no tener sol igual a no quemarse (porque es muy blanquito) y a tener un clima realmente fresco. Como muchas de nosotras me acomodé en el camastro y pues claro tapadita para no mojarme, al verlo en no menos de 5 minutos, empecé a pensar cómo podemos crear un momento diferente, qué me iba a pasar si me mojaba, obviamente nada, y que tenía de malo ese momento, por qué la gente no lo disfrutaba.

Así que no tarde en ponerme de pie y meterme a nadar, fue una de las mejores experiencias nadar así, el mar todito para nosotros, los pocos niños estaban con sus papás felices y las personas mayores en sus camastros ni importándoles la lluvia. Mientras admiraba como las nubes cubrían el sol y cómo este luchaba por salir, pensaba en el por qué nos preocupamos por cosas tan insignificantes o dejamos que lo externo nos juegue un rol importante para disfrutar, por qué sólo este grupo de gente lo disfrutaba, por qué algunos no dejaban que ni siquiera los niños salieran porque se iban a empadurnar de arena (que absurdo, ¿no lo crees?) esto fue algo tan simple pero que me ayudó a fortalecer mi forma de ver la vida a quitarte apegos, a ser más liviana en mi forma de pensar, es decir, no pensar en tanto sobre el qué va a pasar y querer tener todo controlado.

Y como siempre los beneficios que me ha traído el deporte no fueron la excepción, reforzó mi confianza para ponerme metas más difíciles, fortalecer mi disciplina y voluntad y a moverme de la zona de confort.

La vida pasa tan rápida, no desperdicies el tiempo, valorará y aprende de ella.

 

Tania Contreras

tania@mujeresimportantisimas.com