Siempre me ha intrigado como es que estamos interconectadas con la parte masculina, por qué hay mujeres que entienden más la conducta de los hombres y por qué otras no tanto. Además de saber cómo este tipo de sentimientos o ideas acerca de la masculinidad pueden ayudarnos o incluso afectarnos en nuestras relaciones y salud.

Por lo que quiero compartirles algunos puntos muy interesantes sobre estos 2 conceptos que encontré en un artículo escrito por Carmen Enguita, española experta en feminidad consciente, Y que nos ayudan a entender mejor como funciona cada parte al cual llama polaridades.

Todos tenemos una parte femenina y otra masculina que no tienen que ver con el género, sino con la experiencia de lo que se es.

La polaridad femenina es una fuerza que nos nutre, nos conecta con los sentidos y nos guía a través de la intuición. La polaridad masculina nos da seguridad y concreción para actuar, para impulsarnos hacia nuestros objetivos y está como apoyo a nuestra feminidad.

Las cualidades de lo femenino representan el ser; las de lo masculino, el hacer.

Lo femenino se relaciona con el agua, la fluidez, la profundidad, la tierra, los movimientos cíclicos, el cambio. Lo masculino, con el aire, el pensamiento, la lógica, el fuego, la conciencia, el orden, la estructura.

Cuando estas dos fuerzas están en equilibrio, la vida es armónica, intensa y activa ya que se da una cooperación entre ambas.

Lo masculino en nosotras es una fuerza impulsora, orientada y precisa, una fuerza que nos empuja hacia delante: organización, concreción, estructura. Lo masculino como dinámica interna nos da a las mujeres la posibilidad de abrirnos, de confiar, porque nos aporta seguridad en nosotras mismas y nos permite poner límites. Nos otorga un sentimiento de autoridad sobre nuestra vida. Cuanto más desarrolla una mujer su parte masculina al servicio de la femenina, más segura se siente para explorar su feminidad.

Si no desarrollamos estas habilidades masculinas, las mujeres tomamos actitudes de indefensión, de amargura y tristeza, de apatía interna y abandono. Y entonces buscamos esa autoridad fuera, porque necesitamos que alguien o algo nos oriente, nos valore, nos diga qué está bien.  Y tenemos dificultades para materializar nuestras ideas, nuestros anhelos.

Pero cuando es la polaridad masculina la que se expresa en exceso, las mujeres nos desconectamos de nuestra feminidad, perdemos la conexión con el agua y la tierra, con la vida y sus ciclos de regeneración. Perdemos fluidez, ligereza, el cuerpo se tensa y nos invade un cansancio que no sabemos muy bien a qué se debe. La actividad mental, el “hacer”, toma demasiado protagonismo y el instinto enmudece. Esto puede desconcertar a las mujeres que han desarrollado mucho su lado masculino, siempre de un sitio a otro, siempre ocupadas.

Así que el  objetivo es simple en la medida que consigamos que las cualidades femeninas y masculinas de nuestro interior colaboren en armonía, tendremos una vida  más equilibrada y por tanto plena.

tania@mujeresimportantisimas.com