Ahora que hablamos de la sabiduría es importante reconocer que no es igual a la  inteligencia, la sabiduría nos lleva a la facultad para actuar con sensatez, prudencia o acierto, aunque si la inteligencia no ayuda a generar esta capacidad, sin embargo, una no es igual a la  otra. La inteligencia nos hace eficientes y éticamente más competentes pero no necesariamente nos hace actuar con sensatez.

Por ejemplo, las personas inteligentes tienen un alto sentido de la eficiencia y de lo que ellos consideran como correcto, suelen estar muy orientadas hacia las metas y a resultados concretos, de este modo, cuando algo no se ajusta a sus expectativas surge la frustración. Esta visión a menudo les hace caer en estados muy desgastantes, ya que las personas con un elevado CI no toleran demasiado la incertidumbre y este factor, es precisamente lo que les diferencia de las personas sabias, ya que estas últimas son capaces de aceptar lo imprevisto, lo que no se ajusta.

La inteligencia puede ser aplicada para fines nobles o, por el contrario para conspirar o traicionar. La sabiduría, por su parte, se vincula más a la bondad; siempre ha tenido esa connotación cargada de buen hacer, de humanidad y de un sentido de espiritualidad donde se inspira a otros a cultivar buenas acciones.

Otra diferencia interesante entre inteligencia y sabiduría es que esta última comparte casi siempre, una visión muy positiva de la vida, de las personas y de la realidad. Esa actitud casi siempre esperanzadora, resuelta y fresca se relaciona mucho con lo antes descrito, con su sentido de bondad, y de ahí les viene sin duda su capacidad innata para conmovernos, para dotarnos de energía y ganas por seguir avanzando, por escuchar sus consejos e imitar su propia visión personal sobre las cosas.

Con esto que te escribo es importante resaltar que ninguna de estas virtudes es mejor que otra, porque hay sabios que ni son brillantes ni inteligentes, pero que en su día a día son altamente eficaces y por supuesto felices. Por lo que podemos aspirar a contar con ambas virtudes trabajando en mejorar nuestra inteligencia emocional e ir integrando cada experiencia desde una óptica más sensata, relajada y optimista.

 

Tania Contreras

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