Un día estaba platicando con una maestra de una familia que tenía muchas circunstancias en contra, nos estaban pidiendo un apoyo económico entre otras cosas. Yo estaba agobiadísima pensando que necesitaba encontrar una solución a sus problemas porque estaban súper tristes.

María Elena me dijo: Claro que vamos a apoyarlos en lo que podamos, pero no podemos hacer nada para que dejen de estar tristes, eso te tiene que quedar claro.

Yo le respondí dándole todas las razones que la familia tenía para estar tan triste, su situación económica, rollos familiares, uno de sus miembros en la cárcel. María Elena me contestó muy tajante:

Las circunstancias de la vida pueden condicionarnos, pero no pueden determinarnos.

Una frase demasiado filosófica para mí en ese momento. Hoy lo veo un poco más claro. Las circunstancias de esa familia eran terribles, pero ellos podían elegir lo más importante: Quienes ser ante esa circunstancia.

Tú también elijes quién ser en cada momento.

Ante una misma circunstancia todos elegimos quienes ser, por ejemplo, puedes elegir ser víctima de una situación o hacerte cargo de la situación. La primera suele ser la más cómoda y la más socorrida, sobre todo en tiempos en los cuales lo correcto es darle siempre la razón a las mujeres.

Salir de estados de victimización y de pasividad requiere de mucha valentía y fortaleza. Pero sobre todo requiere de una alta dosis de consciencia y responsabilidad sobre lo que eliges ser y eliges sentir.

Las elecciones no siempre son fáciles, sin embargo, siempre habrá una elección más amorosa y gentil para ti disponible en todo momento. Elige esa. Elige la que no te haga sentir miedo, la que te haga sentir más amada, más segura, más tranquila, más feliz incluso.

Ante una elección difícil siéntate y piensa en tus opciones, no te enfoques en el resultado, enfócate en cómo te hace sentir cada elección. Y una vez que elijas hazte consciente de tu elección. Un ejercicio súper útil es escribir empezando con la frase: YO ELIJO. Por ejemplo:

Yo elijo no tener miedo.

Yo elijo sentirme amada.

Claro que puedes elegir lo contrario, y entonces escribirías:

Yo elijo sentir miedo.

Yo elijo sentirme rechazada.

Si lo escribes seguramente te darías cuenta que hay una elección que es la mejor para ti.

Hacernos responsables de nuestras elecciones nos deja en un espacio mucho más amplio, más libre y más consciente.

Tomar responsabilidad te ayuda a reconocer también tu poder y eso es importantísimo.

Atrévete!

mayda@mujeresimportantisimas.com