Todos tenemos rutinas, igual y no es la que quieres tener, pero es la que tienes. Claro que te gustaría tener más tiempo libre, pasar menos tiempo en el tráfico, viajar más, comer mejor, hacer más ejercicio, que tu trabajo fuera menos monótono o que tu relación de pareja fuera más emocionante, etc. etc. etc.

 

Dedicamos un montón de tiempo y energía queriendo que nuestra rutina sea distinta. Esa energía que dedicas te agota mentalmente y te roba espacio para poder apreciar lo que tienes y hacer los cambios que quieres. Asumir un rol pasivo de queja y víctima vuelve a cualquier rutina insoportable.

 

Cambiar de rutina es un reto muy grande por que requiere de un esfuerzo mayor al habitual, constancia, disciplina que no siempre tenemos.  Y por otro lado la verdad es que no siempre se puede, hay muchas actividades que forman parte de nuestros roles y no podemos simplemente decidir no hacerlas.

 

Si cambiar rutinas es difícil y no siempre las puedes cambiar parecería que estás condenada a vivir en la frustración y el enojo que te provoca hacer cosas que odias hacer. O peor aún en la frustración y el enojo que te provoca querer cambiar algo de tu rutina y fallar una y otra y otra vez.

 

Si lo vemos así, el mayor problema no es tu rutina sino el enojo y la frustración que sientes ante ella o ante la imposibilidad de cambiar.

Hoy te propongo que tu esfuerzo lo enfoques en no querer cambiar tu rutina, sino en cambiar la perspectiva que tienes con respecto a tu rutina:

 

Aprecia lo que tienes. Si tienes platos que lavar es porque hay comida en tu casa, si tienes que entrar a cierta hora es porque tienes un trabajo, si tienes que hacer tarea de los niños es porque están bien y están sanos. Con demasiada frecuencia nos enfocamos en lo que no queremos en lugar de lo que sí tenemos. No es de extrañarse entonces que vivas tu rutina con frustración y enojo.

 

Hazlo de forma que sea disfrutable. Me acuerdo cuando vivía en la ciudad, el tema del tráfico era angustiante y agotador. Elegí usar transportes públicos con mayor frecuencia, mis traslados los ocupaba para leer. Cuando me mudé a una ciudad más pequeña donde tardaba cuatro minutos en llegar a mi trabajo empecé a extrañar el tráfico, porque disfrutaba tanto de esos momentos de lectura. Lava los platos con música, escucha audio libros en tus traslados, habla con tus amigos mientras haces una cola interminable.

 

Enfócate en el momento. Hay una frase que a mi me saca completamente de esos espacios de frustración: Ahorita es lo que toca. Uy, qué alivio. Ahorita toca estar en una junta. Ahorita toca preparar la cena. Eso es mucho más amable que atormentarte mentalmente pensando que siempre estás en juntas horribles o que estás hasta la madre de hacer de cenar.

 

Se gentil contigo. Por supuesto que es importantísimo hacer el esfuerzo de cambiar aquello que puedas, hazlo siempre que tengas oportunidad, eso forma parte de tu crecimiento como ser humano y de la expansión de tu persona. Inténtalo, y si no lo logras aprecia tu intento, no te recrimines el no haberlo logrado.

 

Disfrutar rutinas tediosas solo requiere un cambio de perspectiva y un genuino deseo de querer estar bien contigo misma.

Y por último si de plano no puedes disfrutar tu rutina intenta al menos no sufrirla. ¡Atrévete!

 

mayda@mujeresimportantisimas.com