Hace 7 años me separé de mi pareja y es el día que no logro ver a mi hijo Nicolás.

Cuando lo dejé de ver tenía 6 años y hoy debe tener 11… Me perdí ya la mitad de su vida y una etapa en la que, tanto la figura de papá como la de mamá eran imprescindibles para forjar su carácter, moldear sus afectos y estructurar sus sentimientos.

Mi delito: ninguno. Las razones, haber terminado una relación con una persona cerrada a la idea de que las parejas se rompen pero los linajes no; que los vínculos paterno-filiales son sagrados y no se tocan.

 

Nuestra pelea, incentivada por abogados, ideas tóxicas y un sistema de justicia obsoleto e inoperante no ayudaron nada. Nos tocaba a nosotros hacer el cambio, sin embargo, la mente de mi ex pareja quedó atrapada en el enojo y la necesidad de venganza.

Debajo de esta serie de escaramuzas entre nuestros egos dolidos quedó aplastado el mundo emocional de nuestro menor, quien se convirtió en quien se convirtió en el botín de guerra y la víctima inocente.

En este trayecto, no ha pasado un día sin luchar, sin evocar su recuerdo, o ir a dormir sin abrazarlo con el alma. El dolor se convirtió en la materia prima de mi creación, el arte la forma de transmutar sin sucumbir al odio y el crecimiento personal en el bálsamo.

Escribí cientos de cartas, un blog secreto, un libro para niños, videos de denuncia, cápsulas de divulgación, clavé láminas de acero en los lugares que frecuentábamos y cuando pensé que ya no había más que hacer, empecé a ver como mis actos de amor -registrados en video- cobraban sentido en el corazón de otros. En las “benditas redes” se fue gestando un movimiento de miles de padres y madres que vivimos esta problemática y que queremos hacer un cambio para que esto no suceda a nuestros nietos.

Hace una semana, conocí a Mayda en una presentación de mi libro Mijo tiene un Dinosaurio y me invitó a platicar de este problema con ustedes porque no es un problemita cualquiera sino una enfermedad social que está aniquilando la psique de millones de niños en todo el mundo, sentando las bases de una sociedad enferma (sí, más, mucho más de lo que ya está). Así que decidí sentarme a escribir el primer artículo e invitar algunos especialistas y progenitores como yo que, puedan explicar la dimensión mental, legal, social y global de esta anomia. Espero les sea de utilidad.

 

Alfredo Salomón

milpelotasparati@gmail.com