Sucede que, tras años de lidiar con conflictos jurídicos de alto impacto en los que están involucrados los cónyuges en interminables batallas, a las que es difícil encontrarles salida, hay un común denominador y segura estoy que no se necesita queridas lectoras romperse la cabeza para saber que hablo del dinero.

Han transcurrido años que nos acostumbramos a una dinámica en que el padre trabajaba, ganaba el dinero, y tenía la obligación y buena disposición de distribuirlo con la esposa y la familia, volviéndose en costumbre que la madre lo recibiera y distribuyera en alimentos, tareas escolares, o visitas médicas, dependiendo del número de miembros.

 

No se observa en estas dinámicas la formación de una economía para los hijos y así se crece y se normaliza el que para cada miembro de la familia en lo particular no haya dinero destinado para sus necesidades elementales que van desde comprar un dulce en la escuela, hasta comprar de adolescente una blusa para la fiesta. Esta reflexión pudiera parecer vana pero no lo es, por el contrario, es de la más absoluta trascendencia porque desde esos primeros años de la infancia, se generan las dependencias y las niñas (y en algunos  casos los niños) se van acostumbrando a que su subsistencia depende de otros y de que alcance. 

Se necesita educar en una autonomía financiera clara, apegada a sus proporcionales circunstancias en las que estén ciertos que caben en la economía de sus hogares y de su familia y el día de mañana realicen el proyecto de vida que deseen de forma libre, sin dependencia y  sin coacción. 

Pienso en todas esas personas que pierden valiosos años de sus vidas en tribunales, se rebajan a inimaginables, riesgosas e indignas circunstancias; llevan a sus críos y los someten a despiadados juicios por dinero, cuando el legado más valioso de una persona es su dignidad, el respeto y su libertad.

Quien está dispuesto a cumplir con sus obligaciones no necesita de un tribunal para hacerlo, basta su compromiso y quien no las va a cumplir ni con la Suprema Corte de Justicia de por medio lo hará.

Rocío Medrano